zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

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lunes, 18 de diciembre de 2017

De echar la Historia para atrás


zUmO dE pOeSíA no es un blog político. Sin embargo, ante el embate nacionalista ZdeP no puede callar.

El nacionalismo es históricamente la principal lacra destructiva y generadora de sufrimiento.

La disgregación territorial que comporta (pequeños grupos separados pugnando, cada uno, por su interés) amenaza a todos los seres humanos, como espeluznantemente se vio en Europa en 1914 y 1939.

La progresiva unidad común pretendida después de 1945 por la CEE, ahora UE, está amenazada actualmente por nacionalismos que harían del continente un mosaico ingobernable de miniestados.

Ello comportaría un grave retroceso para este espacio de libertades frente a potencias no democráticas (pero amplias y compactas) que buscan someter a Europa.

Los nacionalismos son, por tanto, el talón de aquiles de Occidente.

En Cataluña hay completa paridad de derechos sociales, civiles y políticos con los demás ciudadanos y territorios de España, y pleno respeto a su lengua, su cultura y su creatividad. No existe discriminación alguna, ni individual ni colectiva.

Así pues, el ideario independentista carece de justificación y constituye un irresponsable cóctel de mezquindad, egoísmo y regresión.

Sorprende más, si cabe, que gentes que se dicen de izquierdas (pero que obviamente no lo son) defiendan tan indigno despropósito.

zUmO dE pOeSíA anima por ello a no apoyar electoralmente el próximo día 21, en Cataluña, a las opciones que propugnan la segregación y fronterización.



El instinto de la esperanza (por John Clare)


¿Hay otro mundo para que este frágil polvo
se entibie con vida y vuelva a ser él mismo?
Algo en mí responde a diario que sí,
¿y por qué el instinto habría de alimentar las esperanzas en vano?
Esta es la profecía de la naturaleza: así será,
y todo parece esforzarse por explicar
el sellado volumen de su misterio.
El tiempo que marcha hacia delante mantiene su paso
como aparentemente ansioso de eternidad,
deseoso de encontrar esa calma, ese lugar de descanso.
Incluso la pequeña violeta percibe un poder futuro
y espera renovar cada año sus pétalos.
¿Y sin duda el hombre no es inferior a la flor
como para morir indigno de una segunda primavera?



domingo, 17 de diciembre de 2017

A paso de cangrejo


zUmO dE pOeSíA no es un blog político. Sin embargo, ante el embate nacionalista ZdeP no puede callar.

El nacionalismo es históricamente la principal lacra destructiva y generadora de sufrimiento.

La disgregación territorial que comporta (pequeños grupos separados pugnando, cada uno, por su interés) amenaza a todos los seres humanos, como espeluznantemente se vio en Europa en 1914 y 1939.

La progresiva unidad común pretendida después de 1945 por la CEE, ahora UE, está amenazada actualmente por nacionalismos que harían del continente un mosaico ingobernable de miniestados.

Ello comportaría un grave retroceso para este espacio de libertades frente a potencias no democráticas (pero amplias y compactas) que buscan someter a Europa.

Los nacionalismos son, por tanto, el talón de aquiles de Occidente.

En Cataluña hay completa paridad de derechos sociales, civiles y políticos con los demás ciudadanos y territorios de España, y pleno respeto a su lengua, su cultura y su creatividad. No existe discriminación alguna, ni individual ni colectiva.

Así pues, el ideario independentista carece de justificación y constituye un irresponsable cóctel de mezquindad, egoísmo y regresión.

Sorprende más, si cabe, que gentes que se dicen de izquierdas (pero que obviamente no lo son) defiendan tan indigno despropósito.

zUmO dE pOeSíA anima por ello a no apoyar electoralmente el próximo día 21, en Cataluña, a las opciones que propugnan la segregación y fronterización.




Respirando niebla (por Carmen Boullosa)


Hay en el aire el retardo de la niebla.
Hay en los árboles la tersura de la niebla, la suavidad,
y en el río la pausa de la niebla.
Todo duerme respirando niebla.
El sueño del zorro es suave pausa retardando.
El sueño del lobo es sólo niebla.
La niebla sueña con ríos inmóviles, amedrentados.
El pez no duerme.
El hombre cava al pie de la montaña,
junto a los árboles, cerca del río,
lejos de los caminos, al ritmo suave de la niebla.
Hay en el aire...
El pez no duerme.
El hombre sería alboroto, ventarrón, pero cava en silencio,
obedece a la niebla.
Cava.
Los matorrales bruscos le dan la espalda.
No hay gota de sudor sobre su cuerpo.
La niebla ocupa al momento la tierra desterrada.
El hombre es más de tierra que la tierra,
claro de sal o mansedumbre,
piedra de río a quien menea la niebla, piedra flexible,
serena como es sereno el desierto,
como los bosques de algas,
y como ambos iracundas flechas lentísimas apuntando al forastero
silenciosas
(¿a quién acepta el alga o el desierto?).
El hombre viste niebla.
Lo protege la noche y una vela encendida
donde danzan su muerte los mosquitos festivos.
Lo alumbran los tímidos cocuyos.



sábado, 16 de diciembre de 2017

Sin que nadie se entere (por Juan Carlos Bayona)



Hay pájaros que mueren sin que nadie se entere

La pendiente de las tejas los arrastra

a un lecho de metal oscuro y frío

y allí se van quedando quietos

bajo una lluvia que les recuerda el cielo


¿Quién se acuerda de ellos?

Quizás los árboles en la noche, los pregunten

o tal vez el aire los eche de menos

Porque nosotros

nosotros no extrañamos nada que no haya sido nuestro



viernes, 15 de diciembre de 2017

Sobre la tierra -haikus- (por Rafael Baldaya)



La luna sobre
los columpios, las calles,
los cementerios...

La luna sobre
los tucanes, las hienas,
los escorpiones...

La luna sobre
Moisés, Buda, Confucio,
Jesús, Mahoma...

La luna sobre
Nagasaki, Berlín,
Pearl Harbour, Auschwitz...

La luna sobre
los lagartos gigantes
y los robots.

Sobre la tierra
y todos sus bichitos,
siempre la luna.



jueves, 14 de diciembre de 2017

Y ni siquiera avisan (por Aitor Suárez)


Siempre creyendo que el norte estaba fijo

quieto en el norte

anclado en el norte

pero de pronto

el norte está en el este

el oeste está en el sur

cambian de sitio

mutan

se mudan de pronto

de improviso

inesperadamente

porque así lo deciden

y ni siquiera avisan

tú creyendo saber dónde está cada uno

tú cogido a tu brújula

y ellos venga a moverse

este se pone donde estaba aquel

se pasa al lado opuesto

a otro ángulo del mapa

austral ahora es arriba

septentrional abajo

oriente es occidente

y así no hay quien se aclare

¿quién no se perderá

quién podrá no perderse subido en la canoa

de su vida o periplo cuando se alborotaron

los puntos cardinales?



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cada uno tomó su camino (por George Gerbert)


Cuando mi devoción no pudo perforar
tus oídos silenciosos,
entonces mi corazón se rompió, como mis versos:
mi pecho estaba lleno de desorden y miedo.

Mis pensamientos, como un arco quebradizo,
volaron por los cuatro vientos,
cada uno tomó su camino: algunos al placer,
otros a la guerra y al trueno.

Por ello mi alma está fuera de visión,
muda, sin ataduras:
mi débil espíritu, incapaz de mirar de frente,
cuelga descontento, como una flor mordida.

Oh, anima y aclara mi pecho sin corazón,
no postergues el tiempo;
que tus favores concedan mi pedido:
ellos y mi mente pueden repicar
y sanar mis versos.

martes, 12 de diciembre de 2017

Los dos juntos (por ¿? -Anónimo polinesio-)


¡Ay! Envejecemos, mi amor,
los dos.

Los dos por cierto juntos, mi amor,
cuando los dos éramos niños,
cuando jugábamos juntos en el mar.

Los dos por cierto juntos, mi amor,
cuando hacíamos nuestras caminatas juntos
mientras íbamos creciendo.

Los dos por cierto juntos, mi amor,
cuando tus pechos eran firmes y redondeados,
cuando tus pechos se combaron en la maternidad.

Los dos por cierto juntos, mi amor,
cuando tu pelo flotaba bajando por tu espalda,
cuando tu cuerpo era fuerte y viril.

Los dos por cierto juntos, mi amor,
cuando nuestros cuerpos envejecieron y se afinaron,
como un lenguado descansando en el fondo.

Los dos juntos por cierto, mi amor,
cuando tan debilitados que nos sentábamos apartados,
tan débiles que sólo podíamos pasar las horas descansando.

Los dos juntos por cierto, mi amor,
cuando nuestros tenues ojos miran a los neblinosos cielos,
cuando la visión falla en captar su esplendor.
Ah, ¿adónde me lleva Dios?



lunes, 11 de diciembre de 2017

Agradéceselo (por Raymond Carver)



A la edad que tú tienes,
casi toda la gente que admiras ya había muerto;
a la edad que tú tienes
ser un superviviente es un milagro
(como a cualquier edad, por otra parte)
y dormir como duermes,
de un tirón la noche entera
casi todas las noches, un milagro aún mayor.
Agradéceselo a un Dios desconocido
y que tal vez no existe,
pero que siempre te ha mirado con amor;
pídele que siga sosteniéndote,
alto sobre el abismo,
por algún tiempo más,
con su mano de ausencia y niebla y nada.


domingo, 10 de diciembre de 2017

La próxima vez que escuches a Borodin (por Charles Bukowski)


La próxima vez que escuches a Borodin
recuerda que sólo era un químico
que escribía música para relajarse,
su casa estaba llena de gente:
estudiantes, artistas, borrachos, vagabundos,
y él nunca sabía cómo decir no.
la próxima vez que escuches a Borodin
recuerda que su esposa usaba sus composiciones
para forrar la caja del gato
o para cubrir jarras de leche agria;
ella tenía asma e insomnio
y lo alimentaba con huevos hervidos
y cuando él quería taparse la cabeza
para acallar los sonidos de la casa
ella sólo le permitía usar la sábana,
además, siempre había alguien en la cama de él
(dormían separados, cuando dormían)
y como todas las sillas solían estar ocupadas
a menudo dormía en la escalera
envuelto en un viejo chal;
ella le decía cuándo cortarse las uñas,
no cantar, o silbar, o poner demasiado
limón en el té, o apretarlo con una cucharilla.
Sinfonía n° 2 en Si menor.
Príncipe Igor.
En las Estepas de Asia Central.
él sólo podía dormir poniéndose un
pedazo de trapo oscuro sobre los ojos.
en 1887 concurrió a un baile
en la Academia de Medicina
vestido con el traje de fiesta nacional
al final, parecía excepcionalmente alegre
y cuando cayó al suelo

creyeron que se hacía el payaso.
la próxima vez que escuches a Borodin,
recuerda…


sábado, 9 de diciembre de 2017

Ved la chispa (por Emily Dickinson)


De las almas creadas
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma...
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.



viernes, 8 de diciembre de 2017

Racional mente (por Rafael Baldaya)



ninguno de ellos es tenido por loco

sensatamente están en la trinchera

racionalmente trafican con esclavos

desde lo lúcido mi patria, mi bandera

con gran cordura guillotinan a otros

serenamente organizan ejércitos

gente madura, cerebralmente sana, establece colonias, funda protectorados

lógicamente acumulan misiles

los humanos cabales, no hablamos de psicóticos (según diagnosis, tampoco de psicópatas)

y en fin todo esto

que se reseña sobre nosotros mismos

cuanto es narrable sobre la estirpe humana

cuanto es descrito

cuanto es claro que hacemos 


es pleno raciocinio

clínicamente es puro 

equilibrio mental



jueves, 7 de diciembre de 2017

Con una grieta incómoda (por Mabel Bellante)


Lo difícil de mi cara brota de un corazón
alérgico a la nada.
Desde que me apropié de aquel atardecer que
nunca tuvo algo que ver con las estrellas
duermo con una grieta incómoda entre los brazos
y el alma anudada a relojes detenidos.
Aún hoy, por momentos, soy un pozo por donde
se siguen yendo mis cosas.
Pero permanezco erguida entre la fuerza
del horizonte claro: me falta saber cuál es
la mirada de ojos cerrados, pisar el tramo superior
de la escalera de incendios, y vivir esa transmutación de lo imposible en posible
que el mismísimo amor
ha reservado para nombrarme.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

El ciudadano de tu ausencia (por Juan Gelman)



Solo de ti, lleno de ti,
esta tarde a las 7,
el ciudadano de tu ausencia
se palpaba la cara, la voz, los papelitos,
de veras comprobando
que tus ruidos andaban por sus huesos
y en general que te habías ido.
Golpeó puertas, teléfonos.
La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo,
señora, y él sentía tirones detrás del corazón.

A lo mejor era el tabaco,
de todos modos yo soy otro:
un pedazo de ti,
alguien a quien castigan puertas, ruidos,
teléfonos,
y, andá a saber por qué,
toda la parentela de la muerte.



martes, 5 de diciembre de 2017

Yo mismo soy el animal extraño (por Antonio Gamoneda)


Un animal oculto en el crepúsculo me vigila y se apiada de mí. Pesan las frutas corrompidas, hierven las cámaras corporales. Cansa atravesar esta enfermedad llena de espejos. Alguien silba en mi corazón. No sé quién es pero entiendo su sílaba interminable.

Hay sangre en mi pensamiento, escribo sobre lápidas negras. Yo mismo soy el animal extraño. Me reconozco: lame los párpados que ama, lleva en su lengua las sustancias paternales. Soy yo, no hay duda: canta sin voz y se ha sentado a contemplar la muerte, pero no ve más que lámparas y moscas y las leyendas de las cintas fúnebres. A veces, grita en las tardes inmóviles.

Lo invisible está dentro de la luz, pero, ¿arde algo dentro de lo invisible? La imposibilidad es nuestra iglesia. En todo caso, el animal se niega a fatigarse en la agonía.

Es el que está despierto en mí cuando yo duermo. No ha nacido y, sin embargo, ha de morir.

Así las cosas, ¿de qué perdida claridad venimos? ¿Quién puede recordar la inexistencia? Podría ser más dulce regresar, pero

entramos indecisos en un bosque de espinos. No hay nada más allá de la última profecía. Hemos soñado que un dios lamía nuestras manos: nadie verá su máscara divina.

Así las cosas,

la locura es perfecta.


lunes, 4 de diciembre de 2017

Mi alma es un incendio donde nieva (por Juan Eduardo Cirlot)


Mi alma es la ventana donde muero.
Mi alma es una danza maniatada.
Mi alma es un paisaje con murallas.
Mi alma es un jardín ensangrentado.
Mi alma es un desierto entre la niebla.
Mi alma es una orquesta de topacios.
Mi alma es una rueda sin reposo.
Mi alma son mis labios que se abren.
Mi alma es una torre en una playa.
Mi alma es un rebaño de suplicios.
Mi alma es una nube que se aleja.
Mi alma es mi dolor, mío, por siempre.
Mi alma es el naranjo azul que arde.
Mi alma es la paloma enajenada.
Mi alma es una barca que regresa.
Mi alma es un collar de vidrio y llanto.
Mi alma es esta sed que me devora.
Mi alma es una raza desolada.
Mi alma es este oro en que florezco.
Mi alma es el paisaje que me mira.
Mi alma es este pájaro que tiembla.
Mi alma es un océano de sangre.
Mi alma es una virgen que me abraza.
Mi alma son sus pechos como astros.
Mi alma es un paisaje con columnas
Mi alma es un incendio donde nieva.
Mi alma es este mundo en que resido.
Mi alma es un gran grito ante el abismo.
Mi alma es este canto arrodillado.
Mi alma es un nocturno y hay un río.
Mi alma es un almendro de oro blanco.
Mi alma es una fuente enamorada.
Mi alma es cada instante cuando muere.
Mi alma es la ciudad de las ciudades.
Mi alma es un rumor de acacias rosas.
Mi alma es un molino transparente.
Mi alma es este éxtasis que canta
golpeado por armas infinitas.


domingo, 3 de diciembre de 2017

No hay señales (por Blanca Varela)


El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa.
Tenemos sed, tenemos prisa por golpear
con el hueso de una flor en la tiniebla.
Hay un árbol talado en esta historia.
Contemplamos el cielo. No hay señales.
¿Es de día? ¿Es de noche?
Murió la araña que medía el tiempo,
sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.


sábado, 2 de diciembre de 2017

La cajera extraordinaria (por María Eloy-García)


estoy pensando en la cajera sedente
ella es lo verdadero de la sincronía del mundo
con su rayo láser ávido de códigos
me murmura complacida las ofertas
y cómo suma los dígitos arrastrando
entre lo dócil y el hastío
el tesoro precioso de mi dulce integral
a través de la máquina que le computa
el precio exacto de toda mi tarde
dice tres
y nunca nunca fue este número más mágico
la cajera extraordinaria teclea el sumatorio
de la monotonía y dice tres
y mira entonces justo antes de que se produzca
el cotidiano milagro de que mi dulce integral
sea mío para siempre
de repente ella mira otra tarde
sale de lo mío a lo del otro
le susurra las mismas ofertas
le marca el tetrabrik con el ojo de su láser
abriendo en fin el cajón místico del híper
con un movimiento suyo de mercado
los billetes ordenados repiten la cara de ella sin gestos
y me voy por esas puertas
que se abren sólo con el aura
dejándola mientras su láser que suena
va marcando otra tarde



viernes, 1 de diciembre de 2017

A las 2.30 de la tarde (por Charles Bukowski)



los perros y los ángeles no están
muy lejos.
a menudo voy a este sitio pequeño
a comer
hacia las 2.30 de la tarde
porque toda la gente que come
allí está completamente cuerda,
alegre simplemente de estar viva y
comiendo su comida
cerca de un ventanal
que da la bienvenida al sol
pero no deja que entren los coches
ni las aceras.

al otro lado de la calle hay un bar
chino nudista
que ya está abierto a las 2.30 de
la tarde.
está pintado de un azul vacío e
indefenso.

se nos permite tomar tanto café
gratis como podamos beber
y todos nos sentamos y bebemos en silencio
el fuerte café negro.

es bueno estar sentado en algún lugar
público a las 2.30 de la tarde
sin que te arranquen la carne de
los huesos.

nadie nos molesta.
no molestamos a nadie.

los ángeles y los perros no están
muy lejos
a las 2.30 de la tarde.

tengo mi mesa favorita
junto al ventanal
y después de acabar
apilo los platos, platitos,
la taza, los cubiertos, etc
limpiamente
en una sencilla pila
-mi ofrenda a la
anciana camarera-
comida y tiempo
no están separados,
y ese cabrón del sol
ahí fuera
trabajando a base de bien
arriba y
abajo.



jueves, 30 de noviembre de 2017

La lluvia (por Pablo García Casado)


La lluvia sobre el vendedor que anuda su corbata antes de subir a casa. La lluvia sobre la visera verde del taller donde unas chicas flirtean con el mecánico que de joven se tatuó un as de corazones en el brazo. La lluvia sobre el cabello moldeado de la vieja que a duras penas consigue alcanzar un autobús que está vacío. La lluvia sobre el carro de la compra, legumbres, tomate, porciones de merluza congelada. La lluvia sobre los cristales de la unidad de cuidados intensivos. La lluvia sobre los cristales progresivos de mi padre, que me llama por teléfono preocupado por mi situación laboral. La lluvia sobre el vendedor que conduce despacio su automóvil. Que sólo piensa en desaparecer, al menos, por un tiempo. Cambiar de ciudad, alquilar un pequeño apartamento. Comprar un teléfono móvil, empezar de nuevo.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Un barco en llamas me espera (por Almudena Guzmán)


Anclado en el horizonte,
como una palmera
que le ha nacido al mar,
un barco en llamas
que nunca se consume
me espera:
me lleva esperando
desde siempre.

Algún día soltaré el lastre
de este dolor tan firme
como la tierra
donde me hundo.
Algún día,
quizá alguna noche,
sabré descoser
los pespuntes de miedo
de mi vestido
y nadaré desnuda hasta él.

El sueño vencido
de las algas
en la guerra de las mareas
guiará mi camino.

El sueño rebelde
de la tripulación de mi deseo
me tenderá la escala
para trepar a cubierta.



martes, 28 de noviembre de 2017

Estas dos sillas que se han puesto de espaldas (por Anna Crowe)


Desde que estás muerta
me he acostumbrado a visitar esta habitación.
Me gusta su vacío, sus triunfos modestos,
la manera como se derrama el sol por las cortinas de gasa
para colocar un bloque de luz en el suelo desnudo.
Normal. Sin pretensión alguna. Una quietud
suficientemente grande para contener una habitación
que compartimos cuando niñas, de vacaciones en Talloires.
Un cuarto que huele a cera de abejas,
un temblor de agua de lago
y montañas que se asoman como el futuro.

Las cortinas de muselina ondean en sus pliegues,
floreadas como un camisón de noche,
y te imagino a ti, que siempre te vestías con cuidado,
deteniéndote para arreglarte la falda
frente a este alto espejo entre ventanas.
Dentro de su estrecho alcance
todo se ve dos veces más claro,
el sofá rayado, y el grabado en cuyo marco dorado
reluce el sol como en una trenza de pelo.
Estas dos sillas que se han puesto de espaldas
han acabado la conversación de una vida entera.
El sol subraya cómo ya carecen de importancia
mientras toca un respaldo curvado
con calidez y color.

Mejor fijarse en ese áspero pedazo
que el sol pone de manifiesto en el muro de enfrente.
¿Es una sombra, sucediendo como sucede la muerte,
una parte del mundo exterior del balcón,
o simplemente es que el yesero abandonó su trabajo?
Lo miro bien y saco coraje de esta desnudez,
de este yeso manchado con una grieta en su centro
como la confluencia de dos ríos.
De este fiel retrato de las cosas, tal como son de verdad.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Detrás (por Saiz de Marco)


casi siempre escondidos

raramente asomándose

lo que piensas más atrás de lo que piensas

lo que sientes más atrás de lo que sientes

tu mirar más atrás de tu mirada

insonoras palabras detrás de las que dices

la membrana que albergas detrás de otras membranas

tu corazón latiendo detrás del corazón



domingo, 26 de noviembre de 2017

Cerrando el apartamento de la playa (por Joan Margarit)


Ya está limpio y en orden.
Los armarios, cerrados, igual que las ventanas.
Nada al descuido encima de los muebles.
El dormitorio con la cama a punto,
la mesita de noche y el retrato
de la muchacha con los ojos
iluminados por una sonrisa.
Todo el invierno sola y escuchando el mar.


sábado, 25 de noviembre de 2017

Y la esperaba (por Sharon Olds)



Podía levantarme a cualquier hora,

a cualquier hora mirar por el pasillo,

siempre ahí, sentado, estaba mi padre,

su cabeza oscura hundida

entre las orejas del sillón.

Tan inmóvil que parecía un objeto,

la bata abierta, en las rodillas,

como si en el mundo no hubiera nada más

sino mirar la piscina amanecer. Él sabía

que su muerte había empezado, y la esperaba

como se espera un trabajo por hacer.

No se inmutaba cuando sentía mis pasos: tan suyo,

permanecer inmóvil dejándose mirar,

como una escultura queriendo sentir

la mirada que la acaricia. Esperaba

que el borde de mi camisón entrara en escena

y sólo entonces se dignaba mirarme,

sin mover la cabeza, esperando el beso

que iba hacia él, y no al revés,

el beso que borraba su soledad

mientras intentaba tragar una minúscula

gota de agua: ahí tenía a su hija

con la taza para escupir, su hija

para vaciarla. Pasaba el día entero

mirándolo dormir, mirándolo despertar.

Nada más caer la noche volvía a la cama

con su mujer. No volvería a estar solo

hasta la madrugada siguiente:

centinela del mundo nocturno,

guardián del agua, de la tierra informe,

de las sombras, sentado inmóvil,

como si lo único que esperaba

fuera a su hija.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Enciéndeme (por Mario Luzi)


Un poco soñolienta todavía
levanta la persiana
y he aquí que se colma
de oro y aire
opalescente el vaso
de la habitación. Oh mañana,
oh celeste arrogancia,
no me arrastres, no me agarres
a la fuerza, no estoy preparada aún-
piensa y al tiempo lo susurra
a su titubeante resistencia-
se te opone
lo arduo y la sombra
de mi opacidad
que no quemó la noche
ni alejó el despertar.
Te ruego, nuevo día,
ven, pero hazlo lentamente
entra lentamente en la sustancia,
enciéndeme lo mismo que una lámpara
así seré votiva
como debo y como quiero
a ti, a mis congéneres,
al ánima del mundo
que nos acoge, nos ofende
y no poco nos conforta, nosotros parte suya.



jueves, 23 de noviembre de 2017

Los inquilinos (por Federico Díaz-Granados)


Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.
No he sabido cuándo salen, cuándo entran,
en qué estación desconocida descansan sus miserias.
Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos
quejándose de mi tristeza,
en algunas temporadas se han quejado de humedad,
de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.

Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida
y el patio queda nuevamente solo
en este hotel de paso donde siempre es de noche.



miércoles, 22 de noviembre de 2017

Las dos son una (por Emily Dickinson)


Morí por la Belleza, pero apenas
acomodada en la tumba,
uno que murió por la Verdad yacía
en un cuarto contiguo

Me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué-
-Y yo por la Verdad. Las dos son una.
Somos hermanos -dijo-

Y así, como parientes, reunidos una noche
hablamos de un cuarto a otro
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres



martes, 21 de noviembre de 2017

Ídolos (por Gabriel Ferrater)


Entonces, cuando yacíamos
abrazados frente a la ventana
abierta a la ladera de olivos (dos
semillas desnudas dentro de un fruto que el verano
ha abierto violento, y que se llena
de aire), no teníamos recuerdos. Éramos
el recuerdo que tenemos ahora. Éramos
esta imagen. Los ídolos de nosotros,
para la sumisa fe de después.



lunes, 20 de noviembre de 2017

Tu ropa (por Ana Blandiana)


Llevo tu ropa
que mi cuerpo llena,
me asombro de lo bien que me sienta,
la ropa se asombra también
como si tú misma hubieras regresado.
Dulce confusión,
destinada a ocultar
la semilla que ha perdurado siglo tras siglo.
Llevo tu ropa por las calles en las que tú has creído.
Hazme creer a mí también,
deja que tu luz me encienda.
Las prendas se mueven por sí solas
dejando entrever por las costuras
el resplandor de la semilla
que ha pasado de un siglo a otro.



domingo, 19 de noviembre de 2017

En bicicleta (por Uffe Harder)



Ciclistas apresurados por caminos desiertos
fugaces penosamente fugaces evitando
cosas presentimientos ideas fijas delgados como
tubos de acero andamios silenciosos ruedas
silbantes radios caras petrificadas cascos
caras pálidas rumor de ruedas
y perdidos ya de vista pero posibles vislumbrados
en alguna parte del alba fría definiciones
palabras sensaciones tal vez certeza
eternamente evasiva dudosa certeza
el camino como una cinta ante ellos cemento
y rasgando el espacio afiladas figuras
silbantes fracciones de pensamiento de conocimiento una palabra
un presentimiento visiones una por una siempre una cosa
perdida a favor de la siguiente fracción de una imposible
imposible siempre inasible totalidad
de endebles transformaciones formas infrecuentes
cambiantes evasivas turbias formas atisbadas
en la niebla matinal en la lluvia tupida en la
bruma en el calor mariposeante el velo de humo
las lágrimas la rabia el sudor fugaces como espejismos
las chimeneas jirafas arrastradas por el viento
ahuyentadas venteadas por los campos
y los pies sujetos a los pedales
el camino tras ellos como una cinta

sábado, 18 de noviembre de 2017

Lo que la bala cantó (por Bret Harte)


Oh, alegría de la creación,
¡Ser!
Oh, rapto, volar,
¡y ser libre!
Ser la batalla perdida o ganada.
Aunque su humo oculte al sol,
encontraré a mi amor, el único
nacido para mí.

Lo reconoceré de pie,
totalmente solo,
con el poder en sus manos
sin ser derrocado;
lo conoceré por su rostro,
por su frente divina y su gracia;
lo retendré por siempre,
¡Todo mío!

Es él. ¡Oh, mi amor!
¡Tan audaz!
Soy yo, todo tu amor.
¡Predicho!
Soy yo. ¡Oh, amor, qué felicidad!
¿Responderás a mi beso?
¡Oh, cariño! ¿Qué es esto
que yace tan frío?



viernes, 17 de noviembre de 2017

Esta entraña fértil (por Narcís Comadira)



Ni las grietas de la piedra calcárea

donde tienen las lagartijas su secreto imperio

y suben por la corteza del algarrobo,

siempre vibrantes,

ni esta cansada tierra, de campos abandonados,

donde abraza el cedro a la pesada higuera

y los almendros eternos posan su verde ácido

sobre el más inmutable, tranquilo, del olivo,

sino este corazón umbrío,

esta entraña fértil que conserva

todos los llantos del invierno, y los hace vida

latente. Por él

el verano angustiado de chicharras

que ve arder su piel mientras mira impasible

cómo envejecen los árboles, cómo se secan

ramas y campos anhelosos de arados, se hace tierno.

Por él, también,

toda otra sequedad se reconforta.


A pleno sol, en la noche más oscura,

tesoro de fresquísimos cristales,

reserva de memoria,

cueva de amor, aljibe...



jueves, 16 de noviembre de 2017

Después de 37 años mi madre se disculpa por mi niñez (por Sharon Olds)




Cuando te inclinaste hacia mí, con los brazos abiertos

como alguien tratando de caminar por un incendio,

cuando te balanceaste hacia mí gritando
que sentías mucho lo que me habías hecho,

tus ojos se llenaron de un líquido terrible
como bolitas de mercurio de un termómetro roto
derramándose en el suelo,

cuando gritaste ¿hacia dónde más pude girar? ¿a quién más tenía yo?

tus manos, la vajilla hecha pedazos, se mecían hacia mí,
el agua de tus ojos crujía como humedad de piedras bajo presión,

no podía ver qué podría hacer con mi vida.

El cielo parecía astillarse, como una ventana
que alguien quebrara hacia dentro y hacia fuera,

tu carita destellaba como si tuviera cristal en añicos, con verdadero arrepentimiento,

el arrepentimiento del cuerpo.

No podía ver cómo serían mis días con tus disculpas,
con el deseo de no haberlo hecho,

el cielo caía a mi alrededor,

sus fragmentos centelleaban en mis ojos,

tu viejo, blando cuerpo recaía en mí en horror,

te tomé en mis brazos y dije está bien,
no llores, está bien,

el aire se llenó con vidrio que volaba,

no supe qué decía
ni qué sería yo ahora que te había perdonado. 


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Regreso en el tren (por César Simón)


Suave
la noche.
Blanca
la espuma, a flor
de labios. Tu cabeza
tronchada, cómo pende
del hombro.

Noche. Las estaciones
del trenecillo suburbano.
Acacias, bugambillas,
nísperos, tras de verjas, los caminos
entre acequias corruptas, de aguas negras
y brillantes. Bultos de moreras,
ásperas cañas de maíz
en dirección al mar. La Malvarrosa.
Ancho vagón de polvo y papelillos.
Cierras los ojos. Sientes
tu cuerpo joven, derrumbado, quieto,
pero germinativo y oloroso
como el estiércol. Sientes
cómo viene el azahar de oscuras fuentes,
cómo se emboscan las barracas
-girasoles, higueras-,
cómo ladran los perros a distancia,
cómo canta la vida desde el fondo
del barro.

Ya viene el mar, ya hueles
su frescor y su sal, su oscura mole
fragorosa. Ya caminas, ya sigues
al lado de las tapias. La Cadena,
el manantial de Sellarim, jardines
rotos, perdidos, de azulejos,
de fuentes y de bancos de azulejos.

Estrellas. Lejos los silbidos
del tren. Oh madreselva,
verdad, oh dispersión confusa,
aquí amaron tal vez -ficus enormes-,
aquí venían en calesa -blancos trajes
de seda cruda, gasas y sombreros
al viento, al mar-, aquí tomaron
zarzaparrilla, helados. Aquí urdieron
entrevistas nocturnas. Tantas cosas
que ignoras, tantos nombres
que ignoras, tanta dicha,
tanta pasión, que tú nunca sabrás.
Y ahora estos jardines
que pasaron de moda, estos solares,
estos faroles rotos, estas tapias
de bambú, de jazmines, de mojadas
pasioneras.

Oh noche, cómo es frágil
tu paso, cómo es joven
tu ropa descolgada y polvorienta;
cómo están secas estas manos
vacías, que te duelen, entre tanta
facilidad. Mas cómo es grande y pura
la ligereza, el temple con que bebes
lo que te dan: la vida misteriosa,
la densidad oscura, informe, vaga;
este total, lejano desvarío
de tus pasos, en medio del perfume
de los huertos, este ir a casa mudo,
prieto, febril, dichoso, ebrio de muerte.


martes, 14 de noviembre de 2017

Una cita (por Luzmaría Jiménez Faro)


Usted y yo tenemos una cita.
Sé que jamás se retrasó en la hora.
Tal vez pueda darme algo de tiempo
para mirar mi vida.
¿Podré volver la vista hasta mi patio?
Allí la madreselva era alegría,
su aroma resbalaba por los sueños
de mi sangre crecida.
Será muy puntual. Siempre lo ha sido.
Usted perdonará si me entretengo
y acaricio mis libros con ternura.
Comprenda usted: ¡son tantas horas juntos!
que así, partir, tan fríamente,
no me parece bien. Se quedan solos...
Quiero que sepa que sé que ha de venir
para llevarme con usted,
y créame si digo que estoy lista.
He tratado de aprovechar mi tiempo:
Amar. Vivir. Vivir y amar.
No puede imaginarse el equipaje
que llevo en la memoria...
Usted ¡qué culpa tiene!
Sólo es usted el ángel de la muerte
y usted y yo tenemos una cita.



lunes, 13 de noviembre de 2017

¿Hace mucho o ayer? (por Henry Van Dyke)


Hace mucho, mucho tiempo, escuché una canción.
(¿fue hace mucho o sólo ayer?)
Suaves heridas se abrieron ante su melodía,
bajando a lo hondo de mi corazón.
Una canción de entrañable consuelo
que desde entonces me acompaña
en las horas más calmas y silenciosas,
como un agudo, dulce sonido que no morirá nunca.

Hace mucho, mucho tiempo, vi una pequeña flor.
(¿fue hace mucho o sólo ayer?)
tan hermosa en su fragancia de largas horas,
que parecía querer revelarme sus secretos:
un pensamiento de alegría brotó en su ser
sin jamás pronunciar palabra; y ahora a menudo veo
que esa amigable, tierna flor, nunca se marchitará.

Hace mucho, mucho tiempo, tuvimos un niño pequeño.
(¿pasó hace mucho o sólo ayer?).
Hacia los ojos de su madre y los míos sonrió
todo su flujo de amor inconsciente,
y cobijado en nuestros brazos se durmió.
¡Un ángel convocado! No pudimos retenerlo.
Sin embargo, en secreto nuestros brazos
siguieron acunándolo.
Nuestro pequeño niño nunca desaparecerá.

¿Hace mucho, mucho tiempo? ¡Ah, memoria, aclárate!
(no fue hace mucho, sino ayer).
Tan pequeña, indefensa y amada,
no dejes que la canción muera, que la flor se marchite.
Su voz, sus ojos al despertar, su gentil reposar:
las pequeñas cosas están a salvo en tu memoria;
Deja que nuestro ángel habite allí para siempre.



domingo, 12 de noviembre de 2017

En librerías desde el próximo martes


A ti que no pedías (por Ángel González)


¿Qué te dimos en vida?

Te llamábamos
a veces por tu nombre
para decirte lo que nos dolía,
para pedirte cosas,
para quejarnos
del frío
-como si fueras responsable del invierno-
para preguntarte, suspicaces,
en dónde habías guardado esto o lo otro.

Pero
¿qué te dimos realmente?
¿Qué hubiéramos podido haberte dado a ti, 

que no pedías,
que parecías no necesitar nada
más que estuviéramos allí, llamándote
a veces por tu nombre,
para pedirte siempre:
-danos, danos?
Acaso amor,
esa palabra impronunciable, impura.

Porque lo extraño es que tal vez te amábamos.
Pienso que te amábamos.
¡Ah, sí, cómo te amábamos! 

Presenciamos inmóviles tu vida
y ahora, frente a tu muerte,
se nos vienen de pronto todas esas palabras
que no escucharás nunca. 


sábado, 11 de noviembre de 2017

Deja entrar (por Emily Dickinson)


Retira tus barrotes, Muerte

Deja entrar los rebaños agotados

cuyos balidos dejan de repetirse

cuya errancia acabó


Tuya es la noche más serena

Tuyo el redil seguro

Demasiado cercana para quienes te buscan

y demasiado tierna, para ser dicha



viernes, 10 de noviembre de 2017

No más fronteras en el mundo


Aprende (por Rafael Baldaya)


Arquitecto del Todo
-seas quien seas,

o seas lo que seas-:

Doy a mi perro
afecto,
protección,
acogida,
confianza.


Le doy un sitio cálido
libre de hostilidad.

Sin yo haberlo creado, 
sin yo haberlo traído a la existencia
doy a mi perro
seguridad, 

certeza,
sosiego,
no-zozobra,
no-miedo a mí (su dios),
no-miedo al mundo.

Fíjate en esto,
arquitecto del Todo.
Mira y aprende.


Doy a mi perro lo que más necesita.

Doy a mi perro aquello que nos niegas.

Le doy lo que no nos proporcionas.

Doy a mi perro todo cuanto en tus planos
no dispusiste tú para nosotros.


jueves, 9 de noviembre de 2017

En la playa brumosa (por Kenneth Rexroth)


I

En solo un minuto nos diremos adiós

yo me alejaré conduciendo y te veré

cruzar el boulevard por el retrovisor

tal vez tú distingas la parte de atrás de mi cabeza

perdiéndose en el tráfico

y después no nos veremos uno al otro nunca más

Esto va a pasar ahora, en solo un minuto


II


Calle Willow

calle de hojas amargas

tres generaciones de putas en las ventanas

madre hija nieta

de quién eres zorra

la zorra de nadie yo soy una zorra sola

una zorra negra sola una sola triste zorra

una zorra triste esa soy

la mejor de la calle Willow

está muerta Helen está muerta Dolores está muerta

la calle Willow es nada más que una bahía

en una vivienda pública de diez pisos

la calle Willow se fue con

la calle de los chicos malos la calle de las chicas malas

la calle donde el corazón descansa

dejarán aunque sea una callejuela

para ponerle mi nombre


III


Charla en una habitación oscura

los pájaros vuelan hacia el espejo empañado

y nunca vuelven

el espejo se desgasta


IV


Durante mucho tiempo

he estado detrás de una vid negra

no puedo encontrar la raíz

no puedo encontrar la punta

hay un alto muro de espinas

hay un grueso muro de espinas

que rodea un castillo desconocido

las espinas están cubiertas de flores

cada flor es distinta

pero su olor es el perfume

de un cuerpo que perdí


V


Miles de pétalos blancos

esparcidos sobre el agua de las horas

a la luz de la luna música que surge del mar

sentimientos banales

desengaños y besos

voces que cantan y voces

lejos en la playa brumosa

junto a las fogatas

cantando para siempre para siempre



miércoles, 8 de noviembre de 2017

Dos perros (por Charles Simic)



Un perro viejo, temeroso

de su propia sombra

en un pueblo del sur.

La historia me la cuenta

una mujer casi ciega,

una cálida noche de verano

mientras las sombras

del bosque de New Hampshire

se deslizan bajo nosotros:

una calle extensa, un perro inquieto,

un par de gallinas polvorientas

y aquel sol cayendo a plomo

en un pueblo sin nombre del sur.


Me hizo recordar a los alemanes

desfilando ante nuestra casa en 1944.

El modo en que todos nos quedamos en la acera

mirándolos con el rabillo del ojo,

el temblor de la tierra, el paso de la muerte…

Un perrito blanco corrió hasta el asfalto

y se enredó en los pies de los soldados.

Una patada lo hizo volar como si hubiera

tenido alas. Esto es lo que ahora veo.

La noche cayendo lentamente.

Un perro con alas.



martes, 7 de noviembre de 2017

Felicidad (por Robert Hass)


Porque ayer por la mañana desde la ventana empañada

vimos una pareja de zorros rojos al otro lado del arroyo

comiendo, bajo la lluvia, las últimas manzanas caídas

—alzaron la vista para mirarnos con sus ojos verdes

el tiempo suficiente como para simbolizar la alerta de las cosas vivas

y después siguieron atendiendo a su comida—

y porque esta mañana cuando ella se marchó al cenador con su bolígrafo negro y su bloc amarillo

a sonsacarle un alma inquisitiva

a lo que ella consideraba la reticencia de la materia,

conduje hasta la ciudad a beber té en la cafetería

y escribir notas en un diario —la niebla se levantaba de la bahía

como el luminoso e indefinido aspecto de un propósito,

y una pequeña bandada de cisnes chicos

por segundo invierno consecutivo se alimentaba de brotes

en los campos empapados; simbolizan misterio, supongo,

también se les llama cisnes silbones, son muy blancos,

y sus ojos son negros—


y porque el té humeaba delante de mí,

y el cuaderno, en una nueva página,

estaba en blanco excepto por una tenue idea azul de orden,


escribí: “¡felicidad! estamos en diciembre, hace mucho frío,

nos despertamos pronto esta mañana,

y nos quedamos en la cama besándonos,

nuestros ojos entornados cual murciélagos”.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Cómo negarme a montar (por Roberto Bolaño)


A veces sueño que Mario Santiago

viene a buscarme con su moto negra.

Y dejamos atrás la ciudad y a medida

que las luces van desapareciendo

Mario Santiago me dice que se trata

de una moto robada, la última moto

robada para viajar por las pobres tierras

del norte, en dirección a Texas,

persiguiendo un sueño innombrable,

inclasificable, el sueño de nuestra juventud,

es decir el sueño más valiente de todos

nuestros sueños. Y de tal manera

cómo negarme a montar la veloz moto negra

del norte y salir rajados por aquellos caminos

que antaño recorrieran los santos de México,

los poetas mendicantes de México,

las sanguijuelas taciturnas de Tepito

o la Colonia Guerrero, todos en la misma senda,

donde se confunden y mezclan los tiempos:

verbales y físicos, el ayer y la afasia.


Y a veces sueño que Mario Santiago

viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,

una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,

sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada

me subo a la moto y partimos

por los caminos del norte, la cabeza y yo,

extraños tripulantes embarcados en una ruta

miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,

tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos

y ventiscas de arena, el único teatro concebible

para nuestra poesía.


Y a veces sueño que el camino

que nuestra moto o nuestro anhelo recorre

no empieza en mi sueño sino en el sueño

de otros: los inocentes, los bienaventurados,

los mansos, los que para nuestra desgracia

ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo

salimos de Ciudad de México que es la prolongación

de tantos sueños, la materialización de tantas

pesadillas, y remontamos los estados

siempre hacia el norte, siempre por el camino

de los coyotes, y nuestra moto entonces

es del color de la noche. Nuestra moto

es un burro negro que viaja sin prisa

por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro

que se desplaza por la humanidad y la geometría

de estos pobres paisajes desolados.

Y la risa de Mario o de la cabeza

saluda a los fantasmas de nuestra juventud,

el sueño innombrable e inútil

de la valentía.


Y a veces creo ver una moto negra

como un burro negro alejándose por los caminos

de tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites

del sueño, y sin alcanzar a comprender

su sentido, su significado último,

comprendo no obstante su música:

una alegre canción de despedida.


Y acaso son los gestos de valor los que

nos dicen adiós, sin resentimiento, ni amargura,

en paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.

Son los pequeños desafíos inútiles -o que

los años y la costumbre consintieron

que creyéramos inútiles- los que nos saludan,

los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,

en medio de la noche, a un lado de la carretera,

como nuestros hijos queridos y abandonados,

criados solos en estos desiertos calcáreos,

como el resplandor que un día nos atravesó

y que habíamos olvidado.


Y a veces sueño que Mario llega

con su moto negra en medio de la pesadilla

y partimos rumbo al norte,

rumbo a los pueblos fantasmas donde moran

las lagartijas y las moscas.

Y mientras el sueño me transporta

de un continente a otro

a través de una ducha de estrellas frías e indoloras,

veo a la moto negra, como un burro de otro planeta,

partir en dos las tierras de Coahuila.

Un burro de otro planeta

que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,

pero que también es nuestra esperanza

y nuestro valor


Un valor innombrable e inútil, bien cierto,

pero reencontrado en los márgenes

del sueño más remoto,

en las particiones del sueño final,

en la senda confusa y magnética

de los burros y de los poetas.



domingo, 5 de noviembre de 2017

Un mes más tarde (por Kirmen Uribe)


Mi hermana y yo
hemos vuelto al hospital un mes más tarde.
Al entrar al hospital
mirábamos nerviosos a uno y otro lado,
como los peces rojos
que llevan los niños en bolsas de plástico.
A la izquierda, la sala en que esperamos durante la operación.
Allí pasamos también la última noche,
junto a la familia que esperaba un niño.
Al final del pasillo, el ascensor.
Durante dos meses, dos veces al día, subíamos al quinto piso,
a la sala de cuidados intensivos,
cada día con miedo de lo que hallaríamos,
cada día en busca de buenas noticias.

Después de firmar los últimos informes,
y a punto de salir,
le he dicho a mi hermana, al ver el ascensor:
"¿Por qué no subimos?
Igual todavía está allí, en su cama, esperándonos".

Mi hermana me ha mirado fijamente.
Tiene los ojos llorosos, pequeños
como las fresas silvestres.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Como el sol y como el agua (por Fernando Pessoa)


Si muero muy joven, oíd esto:

Nunca fui más que un niño que jugaba.

Fui pagano como el sol y como el agua,

de una religión universal que solamente los hombres no poseen.

Fui feliz porque no pedí cosa ninguna,

ni procuré encontrar nada,

ni creí que hubiera más explicación

que el que la palabra explicación no tenga ningún

significado.


No deseé más que estar bajo el sol o la lluvia,

al sol cuando había sol

y bajo la lluvia cuando estaba lloviendo

(y nunca al contrario),

sentir calor y frío y viento,

y no ir más lejos.


Una vez amé, juzgué que me amarían,

pero no fui amado.

No fui amado por la única gran razón:

porque no tenía que ser.


Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,

y sentándome otra vez a la puerta de casa.

Los campos, al fin, no son tan verdes para los que son

amados

como para los que no lo son.

Sentir es estar distraído.



viernes, 3 de noviembre de 2017

Calendario de pared para el año 1973 (por Wislawa Szymborska)


¿Y por qué no dedicarle algunas palabras a ese calendario de pared al que le vamos arrancando las hojas? No deja de ser un libro, después de todo, y bastante gordo, ya que no puede tener menos de 365 páginas. Llega a los kioscos en una edición que alcanza 3.300.000 ejemplares, por lo que se convierte en el mayor best-seller. Exige a sus editores una puntualidad absoluta, dado que su aparición en el mundo editorial no puede retrasarse un año o año y medio. Requiere una perfección profesional de sus correctores, puesto que el más mínimo error podría remover la conciencia del público lector. Da miedo imaginar una semana con dos miércoles, o que el día de San Jorge usurpe la fiesta de San José. El calendario no es como una obra científica a la que pueda añadírsele una fe de erratas. Tampoco es un volumen de poesía en que los errores del corrector pasan como un capricho de la inspiración. Toda esta argumentación nos lleva a concluir que tenemos entre manos una rareza editorial. Pero no es todo. El destino del calendario no es más que su progresiva liquidación al ir arrancándole las hojas. Millones de libros nos sobrevivirán y, entre ellos, habrá muchos que serán ridículos, desfasados o mal escritos. El calendario es el único que no se propone sobrevivir a nuestra muerte, no reclama ser mantenido en el estante de una biblioteca y su vida es necesariamente breve. En su modestia, ni siquiera sueña con ser leído concienzudamente hoja a hoja, y sus páginas sólo incluyen el preciado texto por si acaso. Hay en él un poco de todo: aniversarios históricos que caen en un determinado día, rimas, grandes frases, chistes (los típicos de los calendarios, por supuesto), informaciones estadísticas, adivinanzas, advertencias contra el tabaco y consejos varios para combatir los insectos domésticos. Una extraordinaria maraña de materias y enormes disonancias: la más excelsa historia junto a la trivialidad del día a día; sentencias de filósofos rivalizando con pronósticos del tiempo rimados; biografías de héroes acariciando benévolamente los prácticos consejos de la tía Clementina…Los habrá que se escandalicen por ello; pero a nosotros, que vivimos en Cracovia (y, por tanto, en las proximidades de las tumbas reales), nos conmueve la ambigüedad del calendario. He llegado incluso, a percibir en él algún tipo de semejanza secreta con las grandes novelas universales, como si el calendario fuera un pariente de la epopeya, un hijo legítimo suyo…Y cuando he tropezado con algún fragmento de un poema mío debajo de una fecha determinada (¡una próspera, espero!), he aceptado el hecho con melancólica humildad. En el reverso estaba la receta del pastel de queso vienés: medio kilo de queso, una cucharada de fécula de patata, una taza de azúcar, seis cucharadas de mantequilla, cuatro huevos, especias y pasas. Y, para finalizar, aprovecho esas pasas para desear Feliz Año Nuevo a mis magnánimos lectores.



jueves, 2 de noviembre de 2017

Único (por Denise Levertov)


Todo aquello que por ser

llama y canción, y concedernos alegría,

creímos que volveríamos a ser, a hacer, a visitar,

resulta que fue lo que fue

esa única vez. Cada iniciación

no es el comienzo

de una serie, de una construcción: lo maravilloso

aconteció en nuestra vida, nuestra historia

no se opaca con su ausencia: pero no

esperes volver a buscar más.

Lo que tenga que ser va a ser

único, como fue único aquello. Trata

de reconocer la próxima

canción por su aura en llamas como un

presente absoluto, como un ahora o nunca. 



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Esas naranjas (por Julio Martínez Mesanza)



La lluvia que ha lavado las naranjas,

las últimas naranjas perezosas,

la limpia, la que viene ya sin barro.

Y esas naranjas que la merecían

sólo por esperar hasta el invierno,

como merecen todos los que esperan.


martes, 31 de octubre de 2017

Hibernación (por Anaïs Nin)


Se vive así, cobijado, en un mundo delicado, y uno cree que vive. Entonces lee un libro, o va de viaje, o habla con alguien, y descubre que no vive. Que está simplemente hibernando. Los síntomas de la hibernación se pueden detectar fácilmente. El primero es la inquietud. El segundo síntoma es la ausencia del placer. Eso es todo. Parece una enfermedad inocua. Monotonía, aburrimiento, muerte. Hay millones de personas que viven (o mueren) así sin saberlo. Trabajan en oficinas. Tienen coches. Salen al campo con su familia. Educan a sus hijos. Hasta que llegan a una brusca conmoción: una persona, un libro, una canción, y los despiertan y los salvan de la muerte. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Pincha (por Rafael Baldaya)


Yo soy quien te defiende para que no te ataquen.
Son muchos los hervíboros que se te acercarían y tragarían enteros tu corola, tu cáliz...
O comerían las hojas del rosal.
Y sin hojas la planta, y tú con ella, moriríais enseguida.
Pero gracias a mí, sobre todo a mi punta que hiere donde toca, se hacen daño si muerden los tallos.
Y al pincharse y sentir que les duele, desisten de comerlos.
Por eso te respetan los conejos, las cabras, los ciervos, las ovejas...
Por eso no te ingieren como a otras hierbas, matas o arbustos indefensos.
Y debido a ello tú puedes brotar, abrir de par en par los pétalos, mostrar tu colorido, esparcir tu perfume.
Yo, Rosa, te defiendo de todos los peligros.
Yo soy quien te protege.
Yo: la dura, la gris, la servicial espina.


domingo, 29 de octubre de 2017

Viudo (por David Ray)



Ella cuidó tanto de él

que rara vez levantó un dedo.

Así que sólo ahora por primera vez se coloca


cerca del fregadero y pela

su primera patata con el cuchillo de pelar

que ella dejó como legado. La patata


-él lo nota- encaja en la mano humana,

está hecha para que sea así, es uno

de esos milagros. Y ella lo supo todo este tiempo.



sábado, 28 de octubre de 2017



Insomnio (por Dana Gioia)



Ahora escucha lo que la casa tiene que decir.

Tuberías que crujen, el agua que corre en la oscuridad,

las hipotecadas paredes que se desplazan incómodas,

y voces que se amontonan en un interminable zumbido

de pequeñas quejas, como los sonidos de una familia

que año tras año has aprendido a ignorar.


Pero ahora debes escuchar las cosas que posees,

todo aquello por lo que has trabajado en estos años,

el murmullo de la propiedad, de objetos en mal estado,

las partes flojas a punto de quedar desechas,

y retorciéndote entre las sábanas recuerda todas

las caras que no pudiste llegar a amar.


Cuántas voces se te han escapado hasta ahora,

la caldera que humea, el piso de madera bajo tus pies,

las constantes acusaciones del reloj

que cuenta los minutos que a nadie importarán.

La terrible lucidez que este momento trae consigo,

el entendimiento inútil, la oscuridad intacta.



viernes, 27 de octubre de 2017

El lamento de Ariadna (por Friedrich Nietzsche)



¿Quién me calienta, quién me ama todavía?
¡Dadme manos ardientes!,
¡dadme un brasero para el corazón!
Tendida en la tierra, estremeciéndome,
como una medio muerta a quien se le calientan los pies,
agitada, ay, por fiebres desconocidas,
temblando ante glaciales flechas agudas de escalofrío,
cazada por ti, ¡pensamiento!
¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Aterrador!
¿Tú, cazador entre las nubes!
¡Fulminada a tierra por ti,
ojo sarcástico que me mira desde lo oscuro!
Así yazgo,
me doblo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios eternos,
herida,
por ti, el más cruel cazador,
tu desconocido, dios…

¡Hiere más hondo!
¡Hiere de nuevo!
¡Pica, repica en este corazón!
¿A qué viene este martirio
con flechas de dientes romos?
¿Qué miras otra vez
sin cansarte del tormento humano,
con malévolos ojos de rayos divinos?
¿No quieres matar?,
¿sólo martirizar, martirizar?
¡Para qué martirizarme a mí,
malévolo dios desconocido?

¡Ah, ah!
¿Te acercas sinuoso
en semejante medianoche?…
¿Qué quieres?
¡Habla!
Me estrechas, me oprimes,
¡ah, ya demasiado cerca!
Me oyes respirar,
acechas mi corazón,
¡celoso!
-¿pero celoso de que?-
¡Fuera, fuera!
¿para qué la escala?
¿quieres subir
adentro, hasta el corazón,
subir hasta mis más
secretos pensamientos?
¡Impúdico! ¡Desconocido! ¡Ladrón!
¿Qué quieres sacar robando?
¿Qué quieres sacar escuchando?
¿Qué quieres sacar atormentando?
¡tú, atormentador!
¡tú, dios verdugo!
¿O como el perro debo
refregarme contra el suelo ante ti?
¿Sumisa, embelesada fuera de mí
menear la cola por amor?
¡Es inútil!
¡Punza otra vez,
aguijón el más cruel!
No soy tu perro, sólo tu presa,
¡cazador el más cruel!
tu más orgullosa prisionera,
bandido tras las nubes…
¡Habla al fin!
¡Tú, encubierto con el rayo! ¡Desconocido! ¡habla!
¿Qué quieres, salteador, de mi?…

¿Cómo?
¿Un rescate?
¿Qué quieres de rescate?
Pide mucho, ¡lo aconseja mi orgullo!
Y habla poco, ¡lo aconseja mi orgullo!

¡Ah, ah!
¿a mí es a quien quieres? ¿a mí?
¿a mí entera?…
¡Ah, ah!
¿Y me martirizas? ¡Loco, que eres un loco!
¿Requetemartirizas mi orgullo?
Dame amor, ¿quién me calienta todavía?
¿quién me ama todavía?
Dame manos ardientes,
dame un brasero para el corazón,
dame, a la más solitaria,
a la que el hielo, ¡ay!, siete capas de hielo
enseñan a añorar enemigos,
da, sí, entrega,
enemigo el más cruel,
dame ¡a ti!..

¡Se acabó!
Entonces huyó él,
mi único compañero,
mi gran enemigo
¡mi dios verdugo!…
¡No!
¡vuelve!
¡Con todos tus martirios!
Todo el curso de mis lágrimas
discurre hacia ti,
y la última llama de mi corazón
para ti se enardece.
¡Oh, vuelve,
mi dios desconocido! ¡mi dolor!
¡mi última felicidad!…

Un rayo. Dionisyos aparece con esmeraldina belleza.

Dionysos:
Sé juiciosa, Ariadna…
Tienes orejas pequeñas, tienes mis orejas:
¡mete en ellas una palabra juiciosa!
¿No hay que odiarse primero, si uno ha de amarse?…
Yo soy tu laberinto…



jueves, 26 de octubre de 2017

El maestro del disfraz (por Charles Simic)


Seguramente anda entre nosotros
de incógnito: el cajero de un negocio,
el chico de reparto, la muchacha
que atiende en la farmacia, un peluquero,
el tipo todo inflado del gimnasio,
la bailarina exótica, el joyero, 
el paseador de perros, el cieguecito
que pide “Una moneda, por favor,
¿no me puede ayudar?” por los vagones.
Alguien que está encendiendo una fogata
falsa en la chimenea también falsa
de una vidriera, mientras miran desde

el sillón con el rictus congelado
de una sonrisa un padre y una madre,
cuando la calle se vacía y llega
la hora de cerrar del funerario
y hasta el último mozo se va a casa.
Ese mendigo viejo, ahí parado

en el portal, la cara medio oculta;
y no descartaría ni a ese gato
negro que acaba de cruzar la calle,
ni al pequeño foco desnudo que en el túnel
del metro está colgado de su cable,
y que se mueve cuando el tren se para.


miércoles, 25 de octubre de 2017


No estoy ahí (por Mary Elizabeth Frye)


No te detengas en mi tumba a llorar.
No estoy ahí, no estoy dormida.
Soy un millar de vientos que soplan,
soy la nieve blanda que cae,
soy las gráciles gotas de lluvia,
soy los campos de granos maduros,
estoy en el silencio de la mañana,
en la prisa agraciada
de hermosas aves que vuelan en círculo.
Soy la estrella de la noche,
estoy en los pétalos que florecen,
en un cuarto silencioso,
en los pájaros que cantan,
en cada cosa pequeña.
No te detengas en mi tumba a llorar.
No estoy ahí, no estoy muerta.


martes, 24 de octubre de 2017

Con los muertos (por Wislawa Szymborska)



¿En qué circunstancias sueñas con los muertos?

¿Piensas en ellos con frecuencia antes de dormirte?

¿Quién aparece primero?

¿Siempre el mismo?

¿Nombre? ¿Apellido? ¿Cementerio? ¿Fecha de fallecimiento?

¿Qué alegan?

¿Una vieja amistad? ¿El parentesco? ¿La patria?

¿Dicen de dónde vienen?

¿Y quién está detrás de ellos?

Y además de ti ¿quién sueña con ellos?

¿Se parecen sus caras a sus fotografías?

¿Han envejecido con el paso del tiempo?

¿Son saludables? ¿Demacradas?

¿Lograron recuperarse los asesinados de sus heridas?

¿Recuerdan aún quién los mató?

¿Qué tienen en las manos? Describe esos objetos.

¿Carcomidos? ¿Oxidados? ¿Carbonizados? ¿Podridos?

¿Qué tienen en los ojos? ¿Amenaza?

¿Ruego? ¿De qué tipo?

¿Sólo conversan ustedes sobre el tiempo?

¿Sobre los pájaros? ¿Las mariposas? ¿Las flores?

¿No hay ninguna pregunta molesta por su parte?

¿Y entonces tú qué les contestas?

¿En vez de callar precavidamente,

de cambiar evasivamente el tema del sueño,

de despertar a tiempo?



Aquel beso (por Michael Hartnett)


Besé a mi padre en su cama del hospital.
Las enfermeras arrastraban el paso soñoliento
y los viejos discutían el día entero consigo mismos.
Las siete décadas encerradas en su cabeza
se congelaron en un bloque que goteaba, atemporal,
el pintor perdió su noción de todo salvo el gris.
Aquel beso de actor cayó por un pozo demasiado profundo
para devolver ecos que yo habría valorado —
el ‘29 era el ‘41 el ‘84,

todo uno en su mirada caleidoscópica
(él deseaba para mí su amargura y su sed,
su fría habilidad para cerrar una puerta).
Más tarde, tomando un trago, me di cuenta de que aquel
fue nuestro último beso y, ay, el primero.


lunes, 23 de octubre de 2017

Pero en silencio (por Nicolás Viveros)


Siempre jugué a la pelota
y estuve bajo tierra/mudo con el
corazón crónico
buscando el gol hasta que lo encontré
desperté, aparecí con los ojos
cerrados, con los tobillos rotos
con aves degolladas y vestido de Azul.

Siempre jugué a la pelota
-pero en silencio-
corriendo detrás de algo Azul
-pero en silencio-
celebrando goles ajenos/jugando partidos ajenos/cometiendo
faltas/ajenas
que solo se respondían en silencio.
siempre.
jugué.
a. la. pelota.
Pero en silencio cometía faltas
y nadie me mostraba rojas.



domingo, 22 de octubre de 2017

Erizo de mar (por Joan Margarit)


Bajo las aguas poco profundas de la costa
anclo mi coraza. No segrego ni nácar
ni perlas, la belleza no me importa,
enlutado guerrero que, con sus negras lanzas,
se oculta en una grieta de la roca.
Viajar es arriesgado pero a veces me muevo
-las espinas haciendo de muletas-
y, por torpe, las olas me revuelcan.
En el mar peligroso busco la roca
de donde no haya de moverme nunca.
En la armadura soy mi propio prisionero:
una prueba de cómo, si no hay riesgo,
la vida es un fracaso.
Afuera está la luz y canta el mar.
Dentro de mí la sombra: la seguridad.


sábado, 21 de octubre de 2017

Y terminé sabiendo (por Emily Dickinson)


Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose arrastrándose hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor,
comenzó a batir a batir hasta que pensé
que mi mente se volvía muda

y luego les oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio comenzó a repicar

como si todos los cielos fueran campanas
y existir sólo una oreja
y yo y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí,
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo entonces



viernes, 20 de octubre de 2017

Ahí fuera (por Saiz de Marco)


la silueta de un nido de cigüeña en la torre

una casa con hiedra trepando por sus muros

la leña amontonada sobre una carretilla

un rebaño de ovejas con su perro pastor

los caminos pidiendo que mis pies los recorran

dos hileras de árboles
de distinto verdor a ambos lados de un río

los olivos las vides el maíz los girasoles

paisajes sucediéndose detrás de los cristales
como en una película
como en una pantalla pero ciertos
reales
tan cercanos que casi rozan las ventanillas

y yo a bordo del tren
dentro de mi vagón mirando todo eso

yo dejando caer mi frente sobre el vidrio
queriendo y no pudiendo decir
-aquí me bajo



jueves, 19 de octubre de 2017

Ya no soy su caballo (por Fabio Morábito)



Mi hijo juega sobre mi lomo,

es un vaquero y lo llevo

a cuatro patas por la alfombra

espoleado por sus ¡arre caballo!,

pero sus pies ya tocan el piso,

no es el jinete de antes

que a horcajadas limpias se aferraba

a mi cuello, ahora percibe

su propio peso, deja de arrearme

y se baja. Me acuesto boca arriba,

él se acuesta también

y miramos el techo. Ya no soy

su caballo. No me lo dice,

pero lo piensa. Se bajó

para siempre de mí, su centauro,

a este suelo de todos

que da vuelta a la tierra.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Gracias te sean dadas (por Ida Vitale)


En el verano:
viento en la esquina,
verde sobreviviente en la sequía,
tenue, obstinada nube que aparece
y cruza sola el cielo imperturbable,
agasajo de la sombra del árbol,
vaso de agua al regreso: muchas gracias.
Rapado, el pasto tiene olores
a pequeño cadáver indeciso,
otra culpa del verano profundo.
Desolada de ferocísimo sol,
esta pared lo escupe. Sólo faltan
tristezas de pájaros agónicos
para mojar el borde de un pañuelo.
A ti, alfabeto,
gracias te sean dadas,
por acudirme, pese a esta miseria:
musitas y aminoras con memorias
de milagrosas y narradas lluvias,
de mares y manzanas, tanto agobio,
que olvido este calor y que aún lo escribo.


martes, 17 de octubre de 2017

Siempre a destiempo (por Josefina Plá)


Un cerrarse de puertas,
a derecha e izquierda;
un cerrarse de puertas silenciosas,
siempre a destiempo,
siempre un poco antes
o un momento demasiado tarde;
hasta que sólo queda abierta una,
la única puntual,
la única oscura,
la única sin paisaje y sin mirada.



lunes, 16 de octubre de 2017

Apeadero (por Juan Ramón Jiménez)


El tren se va. Y en las dejadas soledades;
uno, en lo oscuro ya, se halla consigo mismo.
La voz baja es mayor que el silencio del mundo.
Es uno casi monte, casi agua, casi abismo.

Por la vereda, a veces, qué olores penetrantes
y fulgores de insectos orillan, tan perdido e íntimo
va uno en uno, que olvida la memoria internada
quién es uno, si es, si va a ser, si no ha sido.

La esquila de algún valle toca en el corazón.
Mujeres piadosas van a guardar en el río
su cuerpo bello con el secreto del mundo.
Y vuelve a ser compendio el lucero y el grillo.



domingo, 15 de octubre de 2017

Cuando renazca (por Rafael Baldaya)



cuando vuelva a nacer ocuparé otro cuerpo

cuando vuelva a nacer mi sexo será otro

cuando vuelva a nacer mi piel no ha de ser blanca

cuando vuelva a nacer
puede que nazca lejos
creceré en otro idioma
todas estas palabras me sonarán extrañas

andaré otros caminos
cantaré otras canciones
dibujaré paisajes
escribiré al revés

cuando vuelva a nacer no sabré que ya he sido
ignoraré que fui

lo que estoy siendo

cuando vuelva a nacer vendré de otros linajes
de otros juegos de genes
de otras combinaciones
tendré distinto nombre 
(nada de Rafael)
viviré entre colinas
o acaso
quién lo sabe
en un pequeño pueblo bañado por el mar

cuando vuelva a nacer
seré risueña

cálida
extrovertida
intrépida
tal vez apasionada
lo contrario que ahora


cruzaré otros umbrales
amaré lo que no amo
creeré en lo que no creo
calcularé deprisa 

y a lo mejor de leer me canso pronto

cuando yo vuelva 

cuando de nuevo nazca y reemerja a la vida
no seré yo


sábado, 14 de octubre de 2017

Por fin regresas (por So Chung-Ju)



He venido a verte, Suna.
Cuánto eres tú aquí, niña.
Vienes de los cuatro puntos cardinales
con tu sonrisa
cuando voy caminando solitario por la calle
Chong-ro.

Te he echado de menos
cada vez que cantaba algún gallo en el alba.
¿Me has oído llamarte?
Oh, Suna, cuántos siglos hace ya que no te veo.

Aquel día en que te fuiste en ataúd de flores
más allá de la montaña
no quedó en mis ojos más que el cielo vacío,
en mis manos ni una cabellera para acariciar.
Y cómo llovía... Tras la vela, fui abriendo la puerta
de piedra donde cantaban los búhos
y encontré un río de miles de millas...
Y cómo pudiste volver, o en qué arco iris bajaste
desde tu escondida casa, desde donde ni siquiera
has podido escribirme.

En los cuatro caminos de la calle Chong-ro
un mar de nieblas, o un mar de niños y niñas,
vienen charlando al sol.
Y entre estas niñas de diecinueve o veinte años
¡oh, por fin regresas en sus ojos, en su sangre,
en su corazón,
Suna, Suna, Suna! ¡Oh, cómo te veo venir y estar presente!