zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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lunes, 19 de febrero de 2018

Esta grasa que flota (por Raymond Carver)


Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas
e intuimos que esta grasa que flota
en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día.
Ojos y dedos se dejan caer sobre los cubiertos de plata
que no son de plata. Al otro lado de la ventana, las olas
golpean contra las paredes desconchadas de la vieja ciudad.
Tus manos se alzan del áspero mantel
como si fueran a hacer una profecía. Tus labios se estremecen…
Te diría que al diablo con el futuro.
Nuestro futuro yace en lo más profundo de la tarde.
Es una calle estrecha por la que pasa un carro con su carretero,
el carretero nos mira y vacila,
luego menea la cabeza. Mientras tanto,
rompo indiferente el espléndido huevo de una gallina de raza Leghorn.
Tus ojos se nublan. Te vuelves para mirar el mar
tras la hilera de tejados. Ni las moscas se mueven,
rompo el otro huevo.
Seguramente nos hemos empequeñecido juntos.



domingo, 18 de febrero de 2018

La escalera (por Blas de Otero)


Mientras tanto subimos la escalera (de vez en cuando se oye
a los que caen de espaldas), nos paramos
un poco, alguna vez (vacilamos, como una hoja
en el instante de arrojarse al aire).
viene
el vértigo a todo correr desde el vacío
y, cerrando los ojos,
nos asimos a nuestro ser más íntimo,
y seguimos
y seguimos subiendo la trágica escalera
colocada,
creada, por nosotros mismos.


sábado, 17 de febrero de 2018

Cóctel (por Rafael Baldaya)


Lo amado
lo sufrido
lo visto
lo soñado
lo odiado
lo sabido
lo ansiado
lo temido
lo oído
lo olvidado
lo exhibido
lo oculto
lo hallado
lo perdido
Todo dentro de un vaso
(son entre sí solubles)


Y ahora, agitadme



viernes, 16 de febrero de 2018

Nadie debería ser nadie (por Cuqui Covaleda)


Guardo teléfonos

de gente muerta, aunque

no nos llamemos.


.....


A nadie expulso

de mi agenda por irse

a un des-lugar.


.....


En el listado

de "Mis contactos", todos

están con vida.


.....

Sin distinción

los vivos y los muertos

siguen conmigo.


jueves, 15 de febrero de 2018

Ni un descenso ni una huida (por Margaret Atwood)


Si el tiempo no era como el desbordarse de una copa

o la fuga de los instantes cuenta atrás

la fuga de todos los instantes insensatos como prófugos

huyendo de tu reloj de pulsera

en un movimiento sutil en la quietud

de tu cuerpo viajero…

Si tampoco era el tiempo

como una amapola de cabeza cortada en tu regazo

ni una felina ausencia

o caer vertiginosamente desde la última ventana del último piso

de una gran torre

describiendo círculos cada vez más amplios.

Si estaba hecha de tiempo o era tiempo

sin ser ninguna de esas cosas:

ni un ciempiés monstruoso

ni una caída hacia la muerte

ni un descenso ni una huida

ni una fuga cuenta atrás ni una ausencia

entonces… ¿cómo?



miércoles, 14 de febrero de 2018

De este mundo vacío (por Joaquín Giannuzzi)



El domingo está desierto. La calle se alarga sin finalidad precisa.

Detrás de las paredes la vida parece haber agotado su última oportunidad.

Llamo al azar en algunas puertas y nadie acude.

La población entera ha abandonado el planeta en automóvil.

La historia ha concluido aquí. Las empresas humanas han hecho el ridículo.

¿A quién llamar por teléfono? ¿Por quién morir?

¿A quién apelar con esta mentira?

Si este simulacro durara demasiado, recordaría

que una vez tuve un destino y hasta un entusiasmo

y que la razón de estar vivo estaba en los otros.

Y no quiero imaginar mi pánico

si buscando la prueba absoluta de este mundo vacío

encendiera la radio portátil

y me respondiera el silencio universal.

Si la llegada del hombre había sido un producto casual,

su partida es una fuga que me excluye

para que deambule como un muerto

que sabe que está muerto en un domingo infinito.


martes, 13 de febrero de 2018

Blues del mostrador (por Antonio Gamoneda)



Llegó con el papel entre las manos

y me miró con sus ojos cansados.

Llegó con el papel y con sus manos

y yo sentí su mirada en mi vida.


Cuando venga otro día con sus manos

y su papel a mirarme en silencio,

espero comprender por qué me mira,

por qué es viejo y es grande y por qué pesan

en mi corazón estos ojos cansados.



lunes, 12 de febrero de 2018

Quien no siente es feliz (por Fernando Pessoa)


El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, es decir, la voluntad. Ahora bien, las dos cosas que estorban a la acción son la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, más que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, debido a su naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior y, como el mundo exterior está en grande y principal parte compuesto por entes humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad es esencialmente el atravesarnos en el camino ajeno, el estorbar, herir y aplastar a los otros, conforme nuestro modo de hacer.

Para hacer es, pues, preciso que no nos figuremos con facilidad a las personalidades ajenas, a sus dolores y alegrías. Quien simpatiza se para. El hombre de acción considera al mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte —o inerte en sí misma, como una piedra sobre la que pasa o aparta del camino, o inerte como un ente humano que, porque no puede oponerle resistencia, lo mismo da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le ha apartado o se ha pasado por encima de él.

El ejemplo máximo del hombre práctico, porque reúne a la extrema concentración de la acción con su extrema importancia, es el estratega. Toda la vida es una guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con las vidas como el jugador de ajedrez con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensase que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y la congoja a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga a la sensibilidad a la que ha tenido que olvidar la acción.

El arte es la Gata Cenicienta, que se quedó en casa porque tuvo que ser.

Todo hombre de acción es esencialmente animoso y optimista porque quien no siente es feliz. Se conoce a un hombre de acción porque nunca está mal dispuesto.

Quien trabaja aunque esté mal dispuesto es un subsidiario de la acción; puede ser en la vida, en la gran generalidad de la vida, un contable, como lo soy yo en su particularidad. Lo que no puede ser es un regente de cosas o de hombres. A la regencia pertenece la insensibilidad. Gobierna quien es alegre porque para ser triste es preciso sentir.



domingo, 11 de febrero de 2018

Todo prestado (por Wislawa Szymborska)


Nada en propiedad, todo prestado.
Hundida en deudas hasta las orejas.
Tendré que liquidar la deuda
entregándome a mí misma.
Así fue convenido:
devolver el corazón,
devolver el hígado
y cada uno de los dedos.
Es tarde para cambiar las cláusulas del contrato.
Me arrancarán el pago
junto con toda la piel.
Voy por el mundo
entre una multitud de deudores.
Sobre unos pesa
el embargo de las alas.
Otros, quieran o no,
tendrán que declarar sus hojas.
Cada tejido nuestro
está en el Debe;
ni una pestaña, ni una ramita
podrá ser conservada para siempre.
Hasta el último detalle está inventariado
y todo parece indicar
que al final nos quedaremos sin nada.
No logro recordar
dónde, cuándo y para qué
permití que me abrieran
esta cuenta.
La protesta contra eso
es lo que llamamos alma.
Y es justo lo único
que no está en el inventario.



sábado, 10 de febrero de 2018

El diálogo (por Concha Lagos)


No hilvanemos historias, no hace al caso,
lo importante es saber que aquí me tienes.
¿Dónde ya la que fui?
Deja que el tiempo se nos lleve y pase,
así quedamos siempre renacidos.

Hoy no sé si estas manos son aquéllas,
sólo las siento como manos tuyas
porque tu tiempo es tiempo que me sueña
y me vive hacia más y más por dentro.

«Ayer», ¡qué lejos la palabra!
Dónde se fueron zapatos y trajes,
billetes de un trayecto recorrido
entre extraños viajeros vistos para olvidados.

Inútilmente en los bolsillos busco
contactos que ya fueron,
y sombras de mi cuerpo en las ventanas
contemplando paisajes con mis aquellos ojos.

¿No descubriste nunca un manojo de llaves
para imposibles cerraduras?

A veces algo vuelve, pero sólo en resumen;
una pequeña fecha que casi nada indica
o ese breve letrero alarmante que advierte:
«cuidado, es peligroso volcarse al interior».

¿Quieres hacer la cuenta?
Si miro a la derecha brilla sólo tu cifra.

A la izquierda la huella de algún borroso cero.
¿Qué prenda pagar debo por haber sido antes,
sin tu tiempo en mis horas?

Alcemos la cabeza
a la igualdad del cielo,
aunque tú apuntes «Marte»
y yo diga: «Saturno» (tal vez por los anillos).

Cada cual con su estrella, con su planeta en alto
y todas las preguntas por la arboleda azul,
compartiendo verdades,
como esta del amor, el milagro más nuestro.

No pienses en mis ramas,
me crezco sobre el tronco.
A punta de navaja puedes grabar el nombre.



viernes, 9 de febrero de 2018

Por donde pasan cosas (por Patricio Foglia)


estoy en la fila del súper
esperando para saludar a la cajera
esperando para sonreírle
esperando que me pida mi tarjeta de descuentos
y el sonido del scanner
mientras los productos pasan
y de fondo suena pop coreano
o Aspen o la Mega o lo que sea
y esta mañana leí en el diario
que las ventas aumentaron un 25%
con respecto a igual período del año anterior
y cuando vuelvo a casa lo que más me gusta
es ir acomodando todo
el arroz en su frasco de vidrio
los fideos en su frasco de fideos
la yerba con la yerba
y cada cosa a su vez
muy prolijamente en la alacena
y es tan raro porque los productos
hicieron un largo viaje
del campo a los camiones
de las fábricas a las góndolas
hasta llegar a las alacenas
y así las personas van transportando productos
de un punto a otro del planeta
y la vida es como un camionero que escucha la radio mientras maneja
o la vida es como un repositor
que se duerme sobre un paquete de fideos
o la vida es como un scanner
por donde pasan cosas
y pasan cosas por el scanner de nuestras manos
pasan cosas por el scanner de nuestra cabeza
de nuestro corazón
y en cada persona
con cada producto
se movilizan la alegría y la tristeza
o la absoluta indiferencia
y últimamente mi vida es un supercamercado chino
mientras de fondo se escucha pop coreano



jueves, 8 de febrero de 2018

Y se aleja el espíritu (por Emily Dickinson)



La Muerte es un diálogo

entre polvo y espíritu.

«Deshazte», dice Ella — y el espíritu:

«Señora, espero algo bien distinto» —

Duda de esto la Muerte – Argumentando

a ras de suelo – Y se aleja el espíritu,

sólo dejando como prueba

un abrigo de arcilla.



miércoles, 7 de febrero de 2018

Estabas en cualquier cosa (por Roberto Bolaño)



Contra ti he intentado irme alejarme

la clausura requería velocidad

pero finalmente eras tú la que abría la puerta


Estabas en cualquier cosa que pudiera

caminar llorar caerse al pozo

y desde la claridad me preguntabas por mi salud


Estoy mal Lola casi no sueño


martes, 6 de febrero de 2018

La luz de una ventana (por Fernando Pessoa)


Es de noche. La noche es muy oscura. 
En una casa a una gran distancia
brilla la luz de una ventana.
La veo y me siento humano de los pies a la cabeza.
Es curioso que toda la vida del individuo que allí vive,
y que no sé quién es,
me atrae sólo por esa luz vista a lo lejos.
Sin duda su vida es real y él tiene rostro, gestos, familia y profesión.

Pero ahora sólo me importa la luz de su ventana.
A pesar de que la luz esté allí por haberla él encendido,
la luz es la realidad inmediata para mí.
Yo nunca voy más allá de la realidad inmediata.
Más allá de la realidad inmediata no hay nada.
Si yo, desde donde estoy, sólo veo aquella luz,
en relación a la distancia en que estoy hay sólo aquella luz.
El hombre y su familia son reales del lado de allá de la ventana.
Yo estoy del lado de acá, a gran distancia.
Se apagó la luz.
¿Qué me importa que el hombre continúe existiendo?


lunes, 5 de febrero de 2018

El hombre interior (por Charles Simic)


No el cuerpo, no.
El extraño es otro.

Nos paseamos por el mundo
con un aspecto igual de lamentable.
Si yo me rasco,
él también.

Hay mujeres
que dicen haberle atrapado.
Un perro
me sigue a todas partes.
A lo mejor es suyo.

Si estoy tranquilo,
él más.
He acabado por olvidarle.
Sin embargo, cuando me inclino
para anudarme los cordones,
él sigue de pie.

Proyectamos la misma sombra.
¿Es suya o mía?

Querría comentar:
“Él estuvo al principio
y seguirá estando al final”,
pero no estoy seguro.

De noche, al sentarme
barajando las cartas
de nuestro silencio,
le digo:

“Aunque pronuncias
cada una de mis palabras,
sigues siendo un extraño.
Ya es hora de que hables".



domingo, 4 de febrero de 2018

¿Hay palabra que pueda ser tu nombre? (por Juan Ramón Jiménez)


Volcán que pasas traslaticio,
como un total cometa,
prendiendo con la llama
de tu abismo dinámico la vida
(las piedras están grises y mojadas,
pero están granas, vivamente granas),
resplandor hondo y alto de otro estraño día
dentro del laminado día
¿qué inminente ser eres?
¿hay palabra que pueda ser tu nombre?
¿qué semejanza tienes con nosotros?
Lo que prendes e inflamas
¿qué anuncia a nuestra estancia
vejetal, animal y mineral?
¿Cuál será el hecho, para quiénes?
Los animales y las plantas
te miran como el hombre, como yo.
Todos estamos gravemente deslumbrados.
Y ya se raja el aire,
se dilata el azul, se espande el agua;
todo va persiguiéndote hacia arriba,
todo hacia ti,
resplandor grana de otro día,
errante herida inmensa,
otro fulgor, otro calor, otro valor
de otra esperanza.

sábado, 3 de febrero de 2018

La culpa (por Rosa Chacel)


La culpa se levanta al caer de la tarde,

la oscuridad la alumbra,

el ocaso es su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos

cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles

como una pampa verdeazul, intacta,

y el silencio recorre

los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.

Antes que caiga la cortina oscura,

gritad al menos, hombres,

como el pavón metálico que grazna su lamento

desgarrado en la rama de la araucaria.

Gritad con voces múltiples,

piad entre la enredadera,

entre las hiedras y rosales trepadores.

Buscad refugio en las glicinas

con los gorriones y zorzales

porque avanza la onda de la noche

y su ausencia de luz,

y su implacable huésped

de suaves pasos, el peligro.


Una apuesta ciega (por Juan Gelman)


El hilo tendido entre
lo que fue y lo que será es una
apuesta ciega. Sentir su cierzo
en pasos del recuerdo como
delicada pasión
es capaz de llorar en la esquina.
Las pesadillas de sí
son hierros que no se pueden doblar.
Aquello que aman se murió.
Hace sufrir la claridad
de una mañana buena que
confía en tus pasos y
nada pregunta. Caminar
por senderos de lo inesperado
prueba que los cisnes existen.
La luz que cae
no se puede sentir.



viernes, 2 de febrero de 2018

Dársenas (por Rafael Guillén)


Hay en el tiempo dársenas
en las que el incesante devenir
fondea; remansos que detienen
el curso natural
de las horas. Son como remolinos
que absorben la energía;
y la materia, libre,
recupera su ingravidez; y el aire,
cristalizado, inmoviliza
toda acción.

Y es que, a veces,
el tiempo también pierde
su tiempo. Después sigue
fluyendo, ajeno siempre
a nuestra condición. Pero nos deja
la desazón de este pequeño lapso
en que fuimos eternos.



jueves, 1 de febrero de 2018

Sobre la nieve (por Antonio Gamoneda)


La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y en las miradas
mientras camino sobre la nieve.

Hoy es domingo y me parece
que la mañana no está únicamente sobre la tierra
sino que ha entrado suavemente en mi vida.

Yo veo el río como acero oscuro
bajar entre la nieve.
Veo el espino: llamear el rojo,
agrio fruto de enero.
Y el robledal, sobre tierra quemada,
resistir en silencio.

Hoy, domingo, la tierra es semejante
a la belleza y la necesidad
de lo que yo más amo.



miércoles, 31 de enero de 2018

Y así nosotros (por Alekséi Petróvich Tsvetkov)


¿Para qué se esmeraban las golondrinas?
¿En qué se afanaban los vencejos?
Qué rápido se desvanecían en el aire
bosquejos de las alas sutiles.
Con qué claridad en el aire deslumbraban
y ahora, observa, vuelve a descifrarlo.
Tan efímero fue todo
como si nunca hubiera sucedido.
Y así nosotros para alguien
tejíamos encaje en el vuelo.
Pero la faena delicada de las alas
no permanece mucho en el aire.
¿Para qué la pose profética
sobre la hoja manchada?
Sólo somos golondrinas sin provecho
en el aire vacío de nadie.



martes, 30 de enero de 2018

Verano del 95 (por Adam Zagajewski)


Fue aquel verano en el Mediterráneo, ¿lo recuerdas?,
cerca de Toulon, un verano seco, fascinado de sí mismo,
que hablaba en un dialecto difícil de captar,
y sólo entendíamos retazos de palabras saladas,
un verano de una luz sesgada de la tarde, de pálidas
manchas nocturnas de las estrellas, cuando amainaba
el bullicio de innumerables conversaciones insignificantes
y el silencio esperaba a que se oyera un pájaro soñoliento,
un verano en la explosión diaria del mediodía, cuando incluso
las cigarras desfallecían, un verano cuando el agua azul
se abría hospitalaria, tan hospitalaria que olvidamos
por completo las ánforas que descansaban
en el fondo del mar hacía miles de años, en la oscuridad,
en soledad; fue aquel verano, ¿lo recuerdas?,
cuando reían las hojas siempre verdes del ligustro,
fue en julio cuando nos hicimos amigos
de aquel gatito negro
que nos pareció tan listo,
fue el mismo verano cuando en Srebrenica
mataban a hombres y a muchachos;
y se sucedían allí innumerables disparos secos
y seguro que también un calor sofocante y polvo,
y hasta las cigarras estaban muertas de miedo.



lunes, 29 de enero de 2018

Pero me acuerdo de la arena (por Elsa Cross)


El mar se hizo para tormentas y naufragios,
para gritos inútiles.
Pero me acuerdo de la arena:
tenía granos azules, negros y amarillos,
arena oscura.
Quedaba en la mano al sacudirla.
Me acuerdo de la calma en el paisaje:
intensa lentitud de la marea,
sombría, apasionada.
El mar me duele por motivos que no importan.
Arena pegajosa,
mala arena para hacer un reloj,
para indicar el paso de mareas y de lunas.
Arena fiel y torpe, deteniendo una tarde.



domingo, 28 de enero de 2018

Palabra abrazadora (por Blas de Otero)


Me pongo la palabra en plena boca
y digo: Compañeros. Es hermoso
oír las sílabas que os nombran,
hoy que estoy (dilo en voz muy baja) solo.

...Es hermoso oír la ronda
de las letras, en torno
a la palabra abrazadora: C-o-m-p-a-
ñ-e-r-o-s. Es como un sol sonoro.

El Duero. Las aceñas de Zamora.
El cielo luminosamente rojo.
Compañeros. Escribo de memoria
lo que tuve delante de los ojos.



sábado, 27 de enero de 2018

Tus ojos (por Juan Ramón Jiménez)


Tus ojos me traspasaron con rayos negros mis ojos.

Les busqué fuga en dos alas nobles. Volé con tus ojos.

Les busqué refugio en dos rosas. Olían tus ojos.

Les busqué ansia en la estrella. Y me subían tus ojos.

Les busqué fondo en dos pozos hondos. Me sumí en tus ojos.



viernes, 26 de enero de 2018

Sobre las piedras del tiempo (por Antonio Colinas)



Dejadme dormir en estas laderas
sobre las piedras del tiempo,
las piedras de la sangre helada de mis antepasados:
la piedra-musgo, la piedra-nieve, la piedra-lobo.
Que mis ojos se cierren en el ocaso salvaje
de los palomares en ruinas y de los encinares de hierro.
Sólo quiero poner el oído en la piedra
para escuchar el sonido de la montaña
preñada de sueños seguros,
el latido de la pasión de los antiguos,
el murmullo de las colmenas sepultadas.

Qué feliz ascensión por el sendero
de las vasijas pisoteadas por los caballos
un siglo y otro siglo.
Y en la cima, bravo como un espino, el viento
haciendo sonar el arpa de las rocas.
Es como el aliento de un dios
propagando armonía entre mis pestañas y las nubes.

Un águila planea lentamente en los límites,
se incendian las sierras de las peñas negras,
mas no veo las llamas,
las llamas que crepitan aquí abajo enterradas
bajo el monte de sueños aromados,
bajo la viga de oro de los celtas,
junto al curso del agua del olvido
que jamás —en vida— podremos contemplar,
pero que habrá de arrastrarnos tras el último suspiro.

¡Cómo pesan los párpados con la música del tiempo!
¡Cómo se embriagan de adolescencia perdida las venas!
Dejadme dormir en la ladera
de los infinitos sacrificios,
en donde arados y rebaños se han petrificado,
en donde el frío ha hecho florecer cenizales y huesos,
en donde las espadas han segado los labios del amor.

Dejadme dormir sobre la música de la piedra del monte,
pues ya sólo soy un nogal junto a una fuente ferrosa,
la vela que ilumina una bodega de mostos morados,
un trigal maduro rodeado de fuego,
una zarza que cruje de estrellas imposibles.



jueves, 25 de enero de 2018

Blues de la tarde de domingo (por Miguel d' Ors)


Tristeza de la tarde de domingo y la lluvia.

Tristeza, sobre todo,

de estar aquí escribiendo estas palabras

y haciendo ya imposibles tantas cosas

que ayer se me ofrecían;

de estar aquí y no estar en La Alcazaba

bajo el látigo gris de la ventisca

ni estar entre las olas de Carchuna

ni viendo con mis hijos desde la oscuridad

los desiertos ecuestres de Arizona;

de estar aquí, pensando a cuántas cosas

dice no cada sí que pronunciamos,

cuántos caminos quedan perdidos para siempre

en cada encrucijada; preguntándome

qué miguel d’ors fue el que impidió aquel otro

miguel d’ors aterido y feliz en la noche

despiadada del Eiger, y aquel que, entre humo y copas,

cantaba, o cantaría, y ya no cantará

en Helsinki rancheras mejicanas

enhiestas como gallos de pelea, y el otro

que explicaba unos versos de Soledades bajo

la nieve de Wyoming,

y tantos otros ex-futuros miguel d’ors,

ninguno de los cuales desearía

encontrarse en Granada un domingo de lluvia

y de octubre escribiendo estas palabras.




miércoles, 24 de enero de 2018

Y ya se ha ido (por Roger Wolfe)


Una mujer
que pasa en bicicleta
a las dos de la mañana,
hermosas piernas morenas
bombeando los pedales
mientras la brisa le alza el vestido
y revela
un perfecto milagro
de carne femenina en movimiento.

Nuestros ojos
se cruzan un momento
y ya se ha ido.

Son cosas como ésa
las que te hacen darte cuenta
de lo poco que realmente sabes
de nada.


martes, 23 de enero de 2018

Como una compañía (por Víctor Manuel Gaviria)


A ustedes, pensamientos, agradezco
que no me hayan traicionado,
y que se hayan escondido tan hondo
detrás de mi cara,
que yo haya estado con tanta gente
en fiestas y reuniones de trabajo,
y ustedes hayan permanecido silenciosos,
sin hacer huir a nadie de mí,
y no hayan hecho ruido involuntario como
lo hacen algunos vasos o sillas que se caen
de extraña inquietud…

A ustedes, pensamientos, agradezco
haber esperado tanto tiempo en la última pieza honda
de mi vida,
sobre todo porque han hecho que algunos me amen
por escucharlos sin decirles nada, por estar ahí como una compañía
que tanto necesitan las cosas,
por estar ahí en las largas noches
en que no éramos nadie, por favor, no éramos nadie,
y el viento nos barría…



lunes, 22 de enero de 2018

El instante (por Jorge Luis Borges)



¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.



domingo, 21 de enero de 2018

Del hombre en cuestión (por Miguel Ángel Petrecca)


El examen de sus documentos personales,
agendas y cuadernos que llevaba consigo
o servilletas llenas de mapas y garabatos,
podrían mantener ocupado durante décadas
a algún pobre diablo con alma de detective.
Y sin embargo no llegarían a revelar mucho
sobre la vida del hombre en cuestión.
Una vida así derrochada entre esos papeles
tendría como único saldo tangible al fin
la acumulación de más documentos y comentarios,
un tesoro documental anexado al primero
a la espera de nuevos comentaristas.
Date una vuelta por el lugar donde vivió
y tratá si podés de alejar los ojos
de la torre de agua que preside horrenda,
igual que un espantapájaros, la zona.
Tal vez después de esa pequeña excursión
no estés más cerca de ninguna clave,
pero al menos podés sentir a la vuelta
una especie de empatía mientras mirás desde la autopista
adefesios de hormigón, fábricas y hoteles que ensayan sin mucho éxito
tibios gestos de seducción hacia los viajeros,
y decir: este era al fin, más que nada, uno de los nuestros.



sábado, 20 de enero de 2018

Tu voz (por Darío Jaramillo)


Tu voz por el teléfono tan cerca
y nosotros tan distantes,
tu voz, amor, al otro lado de la línea
y yo aquí solo, sin ti, al otro lado de la luna,
tu voz por el teléfono tan cerca,
apaciguándome, y
tan lejos tú de mí, tan lejos.

Tu voz que repasa las tareas conjuntas,
o que menciona un número mágico,
que por encima de la alharaca del mundo
me habla para decir en lenguaje cifrado
que me amas.

Tu voz aquí, a lo lejos,
que le da sentido a todo,
tu voz que es la música de mi alma,
tu voz, sonido del agua,
conjuro, encantamiento.



viernes, 19 de enero de 2018

Nunca tan juntos (por Félix Grande)


La mujer de mi vida
duerme lucha en la cama a tos partida, contra
su catarro septuagenario.
Amor mío cúrate cúrame.
Tu tos brama en el cráter de mi miedo…

Cúrate, Curra. Tengo
una sorpresa polifónica
temblando en canas para ti:
¿Te acuerdas de hace medio siglo?

Contempla todo esto, mujer de tu hombre.
Pongo a tus pies mi oferta de alegría,
lo que me queda por vivir... Tenme.
Pongo a tus pies lo que me queda.

Siempre fuimos más jóvenes que hoy:
nunca tan juntos. Nunca tan destino.
Éste era el premio. Y aquí está. Y ahora:
precisamente arrugamente ahora.
Nuestra vida reunida, cauterizada, entera: mírala.
Mírale la carita a la palabra Ahora:
cinco letras omnipotentes.
...Yérguete de la silla. Apóyate en mi brazo.
Ponte guapa, que estamos convidados
a una pizca de tiempo inmenso.



jueves, 18 de enero de 2018

Así nosotros (por Alastair Reid)


Tal como un gato, atrapado por una puerta que se abre,
sobre el peligroso estante superior, maxilar rojo y garra zarzamora,
se deja caer al suelo sin ver,
seguro por instinto de gato que topará con el suelo,
ahí en la mera inocencia; y cae
de todos modos, bola de pelaje, tan rápido que al ojo
se le escapa la voltereta y la confianza
que brotan del haber caído antes,
y sólo distingue un felino desliz sedoso,
crimen inconcebible en un paso tan manso:
así nosotros nos dejamos caer rumbo a la mañana
deslizándonos por estantes del sueño. Cuando, libertinos de noche,
nos dejamos penetrar por las visiones, y la oscura ventana
grotesca nos empuja dentro, nuestro mundo pierde el equilibrio.
Los monstruos multifacéticos hijos de nuestra invención
forcejean al borde del sueño, conforme la habitación
pierde sus bordes y se llena de bruma y presentimientos
por las palabras murmuradas o por las penas recordadas,
hasta que, disueltos al dormir, caemos, el mundo conocido nos abandona,
y habitación y sueño y ser y seguridad se derriten
en un desquiciamiento final, donde cualquier paisaje
fácilmente podría cuajar, y los muertos llaman a gritos...
Pero al fin y al cabo todo termina menguando. Las voces se retiran.
La pálida cuadratura de la ventana brilla y permanece.
Poco a poco la habitación llega y madruga, y nosotros llegamos
a nuestros seres. Anoche, la semana pasada, el pasado
van volviendo a cuentagotas, despiertan. Conforme la luz adquiere solidez,
el sueño pierde claridad. Afuera, el lavado susurro del jardín
espera paciente y, recién llegados de la muerte,
¡qué agradecidos nos sentimos de absorber su aliento!
Y con todo, para soportar lo desconocido noche a noche,
¿acaso no debemos cerciorarnos, con penetración de gato,
de poder hacer frente a sus terrores, y de que la integridad del día
nos hallará sentados al escritorio, sanos y salvos, sin miedo,
con las mejillas afeitadas, las cartas escritas, las cuentas pagadas?



miércoles, 17 de enero de 2018

Los chicos lentos (por Cecilia Woloch)


Los chicos rápidos ya han entrado, urgidos
por sus madres a date-prisa-lávate-las-manos
cariño-la-cena-se-enfría-espera-a-que-venga-tu-padre
y sólo los chicos lentos permanecen en el jardín, trazando
senderos entre las luciérnagas, haciendo ruiditos con la boca, oh,
ese resplandor, y se apaga y se enciende. Y sus lentas madres parpadean
pálidas en el crepúsculo, mirándolos girar en el aire suave, mirándolos
dar vueltas, los brazos abiertos y extendidos, mientras piensan Este es mi hijo,
¿Dónde está su cena? ¿Adónde ha ido su padre?


martes, 16 de enero de 2018

Un momento antes del adiós (por William Morris)


¿Qué parte de la pavorosa eternidad
son esos extraños minutos que he ganado,
aturdido con la duda del amor y el dolor,
cuando puedo ver tu delicado rostro
un momento antes del adiós?

¿Qué parte de la marea anhelante del mundo
que parpadea, cuando el nuevo día desnudo y blanco
borra el deleite de mi ensueño,
y no hay nada a mi lado
y todo lo recordado se ha ido?

¿Qué gota en el torrente gris de lágrimas,
aquella vez, cuando el largo día de trabajo,
ya agotado, no deja nada más que hacer,
nada que justifique el esfuerzo de cargar
con la añoranza del último adiós?

¿Qué pena desde lo alto de los cielos,
qué atención desde la eternidad,
qué palabra del mundo veloz hay para mí?
¡Habla, presta atención y piedad, oh, tierno amor,
que conociste los días antes del adiós!



lunes, 15 de enero de 2018

¿Has existido, amor? (por Juan Ramón Jiménez)


¡Triste ilusión de amores veraniegos, amores
de casa en sombra y de abanico y de pereza!
...Ronda quieta y pesada de humedad y de flores,
lascivia enrojecida de carnes sin tristeza...

Es un olor a traje fresco, a tres de la tarde,
a viento de marea, a llanto de piano,
a vísperas, a jazmín blanco, a calle que arde,
a bastidor, a grillo equivocado, a mano...

Laxitud de mujeres -blancas apariciones-,
ojos que se deshacen en llama de deseos,
ascuas en vez de bocas, soñolientas canciones,
proyectos de colores en vanos balanceos...

...¿Has existido, amor de bruma y de ideales,
de estancia malva con espejos encantados,
amor como llama rosa, con lluvia en los cristales
y con romanticismo de parques deshojados?



domingo, 14 de enero de 2018

Decíamos qué frío (por Liliana Ancalao)


yo al frío lo aprendí de niña en guardapolvo
estaba oscuro
el rambler clasic de mi viejo no arrancaba
había que irse caminando hasta la escuela
cruzábamos el tiempo
los colmillos atravesándonos
la poca carne
yo era unas rodillas que dolían
decíamos qué frío
para mirar el vapor de las palabras
y estar acompañados

las mamás todas
todas
han pasado frío
mi mamá fue una niña que en cushamen
andaba en alpargatas por la nieve
campeando chivas
yo nací con la memoria de sus pies entumecidos
y un mal concepto de las chivas
esas tontas que se van y se pierden
y encima hay que salir a buscarlas
a la nada

mi mamá nos abrigaba
ella es como un adentro
hay que abrigar a los hijos
el pecho
la espalda
los pies y las orejas
dicen así
y les crecen las ramas y las hojas
y defienden a los chicos del invierno
y a veces sale el sol y ellas tapando
porque los brazos se les van en vicio
y hay que sacarles
despacio
con palabras
en gajos

pero el frío no siempre
lo sé porque esa noche en aldea epulef
dormíamos apenas
alrededor de nuestro corazón al descampado
eufemia descansaba el purrún del camaruco
y la noche confundió su pelo corto con el pasto

era la madrugada y eufemia despertó
con la helada en el pelo
y el frío esa vez tenía la boca
y se reía con nosotras
se está poniendo viejo el frío nos decían

las mujeres aprendemos
tarde
que hay un tiempo en la vida
en que hasta sin intención
vamos dejando una huella de incendio
por el barrio
ni sé por qué la perdemos
y esa tarde yo precisaba
medias de lana cruda para cruzar las calles

en las ciudades el frío
nos raspa las escamas
punza en la nuca
se vuelve más prolijo
en eso andaba y a la noche
había un hombre en mi cama
o era un niño o un muchacho
yo no quería respirar muy fuerte

tiene las manos abrigadas este hombre
entonces por qué me fui
para ver si salía a buscarme o me dejaba
a que los esqueletos de pájaros
se incrusten en mi cara

como el eco del silencio seré
si no me encuentra

por hacerme la linda

encima me da abismo
este frío
de azul sangre



sábado, 13 de enero de 2018

Sobre el dolor de otro (por William Blake)


¿Puedo observar el dolor de alguien
sin sentir con él tristeza?
¿Puedo contemplar el pesar de alguien
sin intentar aliviarlo?

¿Puedo mirar la lágrima derramada
sin compartir el dolor?
¿Puede un padre ver llorar a su hijo
sin someterse a la pena?

¿Puede una madre escuchar indiferente
el lamento de un recién nacido, el temor de un niño?
¡No, no! ¡Imposible!
Eso jamás será posible.

¿Puede aquél que a todo sonríe
oír los gemidos del ave?
¿Escuchar a sus pequeños pesarosos y necesitados?
¿Escuchar el llanto de los nacidos sufrientes


sin sentarse junto al nido

rociando de piedad sus pechos?
¿Sin sentarse junto a la cuna
vertiendo llanto sobre las lágrimas del niño?

¿Y no pasarse día y noche
secando nuestras lágrimas?
Oh, no, jamás será posible.

Nos reserva a todos su alegría;
se transforma en joven;
se transforma en hombre compasivo.
También él siente dolor.

Piensa que eres incapaz de exhalar un suspiro
sin que tu hacedor no esté a tu lado;
Piensa que no puedes llorar una lágrima
sin que tu hacedor no esté llorando.

Ah, él nos otorga la alegría
que destruye nuestras penas.
Hasta que nuestro dolor se vacíe,
junto a nosotros se lamentará.



viernes, 12 de enero de 2018

Un camión (por Saiz de Marco)



yo, para ser feliz, quiero un camión

ruedas y no cimientos

cada día un paisaje diferente

no soy de aquí ni soy de allá

baldosas corredizas

“de dónde eres” preguntan, y yo “de mi camión”

vecino sin país

del trasiego habitante

bares de carretera

áreas de servicio con guiso del lugar

fabes en Avilés

pulpo a feira en Sanxenxo

marmitako en Gernika

pipirrana en Baeza

contadme, camareros, vuestras vidas

cada una tan diversa de la otra

y narrada con un acento propio

siempre canciones nuevas en la radio


guitarra del mesón que hoy suenas jota

mañana petenera

rock and roll otro día

durmiendo en la cabina, bañado por la luna

o en un motel distinto cada noche

mi dulce hogar marchante atravesando

puertos de montaña

pirenaicas laderas

desfiladeros

valles

llanuras de la Mancha

faldas del Mulhacén

otro día la costa bordear

Cadaqués, Aguadulce, Finisterre, Zarautz

con olas salpicando los neumáticos

cerca del mar porque no nací en el Mediterráneo

gálibos, puentes, túneles

Ebro, Guadalquivir


Sevilla, Zaragoza

olivos, girasoles, alcornoques, chumberas

sierras, desiertos, bosques

y eso sin contar los portes trasnacionales

autopista de El Cairo

travesía de los Alpes

ruta del Himalaya

las carreteras nacen unas de otras

no acaban en un punto

las alfombras de asfalto no se retiran nunca

y en fin por todo eso

yo para ser feliz

de metal o de carne creo que quiero un camión



jueves, 11 de enero de 2018

Pero por la cabeza le rondan... (por Wislawa Szymborska)


Le dio por la felicidad,
le dio por la verdad,
le dio por la eternidad,
¡miradlo!

Apenas distinguió entre realidad y sueño,
apenas comprendió que él era él,
apenas chapuceó con su mano nacida de una aleta
una piedra de lumbre y una nave espacial,
capaz de ahogarse en una cucharada de océano,
poco gracioso incluso para la vacuidad,
sólo ve con sus ojos,
sólo oye con sus oídos,
su gran logro lingüístico es el condicional,
usa su razón para increpar a la razón,
en una palabra: es un cero a la izquierda,
pero por la cabeza le rondan la libertad, la omnisciencia y el ser
fuera de la carne torpe,
¡miradlo!

Porque parece existir,
haber llegado a ser de verdad
bajo una de las estrellas provincianas.
Vivaz y bastante movedizo a su manera.
Pese a ser un bastardo de un cristal
está harto estupefacto.
Pese a haber vivido una infancia difícil
entre las necesidades de la manada,
no está mal individualizado. ¡Miradlo!

¡Adelante, aun por un instante,
por un abrir y cerrar de una pequeña galaxia.
Que por fin se vea a grandes rasgos
quién será, dado que existe.
Porque es tenaz.
Muy tenaz, a decir verdad.
Con ese aro en la nariz, con esa toga, con ese jersey.
En fin, es una monada.
Pobrecito.
Todo un hombre.


miércoles, 10 de enero de 2018

Cuando digo "esto es real" (por Fernando Pessoa)


Esté lo que esté en el centro del Mundo,
me dio el mundo exterior como ejemplo de Realidad,
y cuando digo «esto es real», aun de un sentimiento,
lo veo sin querer en un espacio cualquiera exterior,
lo veo con una visión cualquiera fuera y ajeno a mí.

Ser real quiere decir no estar dentro de mí.
De mi persona de dentro no tengo noción de realidad.
Sé que el mundo existe, pero no sé si existo.
Estoy más seguro de la existencia de mi casa blanca
que de la existencia interior del dueño de la casa blanca.
Creo más en mi cuerpo que en mi alma,
porque mi cuerpo se presenta en medio de la realidad.
Y puede ser visto por otros,
puede tocar a otros,
puede sentarse y estar de pie;
pero mi alma sólo puede ser definida en términos de fuera.
Existe para mí -en los momentos en que juzgo que efectivamente existe-
por un préstamo de la realidad exterior del Mundo.


martes, 9 de enero de 2018

Es mejor sin palabras (por César Simón)


Aquella estación. La veo.
Oigo el silbo del tren.

Me voy. Está lloviendo. Estoy sentado,
tarde grande de mayo, dolorosas
punzadas.
Lluvias.
Tú, amor mío.
¿Qué importa?
La tierra está muy seca.
Es mejor sin palabras, que así sea
todo, que así se caiga
todo.

Pero aquella estación...
Y aquel azul...

Cómo se va hacia dentro
la verdad, oh noche
perdida, circulando,
silbando como el tren
encendido.



lunes, 8 de enero de 2018

La más feliz (por Lawrence Ferlinghetti)


podría decir que quizá ella era más feliz
que todos
esa vieja solitaria del chal
en el tren de vagones naranja
con el pequeño pájaro manso
en su pañuelo
al que le canturreaba
todo el tiempo
mia mascotta
mia mascotta
y ni uno de los excursionistas de domingo
con sus botellas y sus canastas
le ponía atención
y el vagón
chirriaba a través de los maizales
tan despacio que
las mariposas
entraban y salían



domingo, 7 de enero de 2018

A tus orillas (por José Ángel Valente)


No quiero más que estar sobre tu cuerpo

como lagarto al sol los días de tristeza.


Se disuelve en el aire el llanto roto,

al pie de las estatuas

recupera la hiedra

y tu mano me busca

por la piel de tu vientre

donde duermo extendido.


El pensamiento melancólico

se tiende, cuerpo, a tus orillas,

bajo el temblor del párpado, el delgado

fluir de las arterias,

la duración nocturna del latido,

la luminosa latitud del vientre,

a tu costado, cuerpo, a tus orillas,

como animal que vuelve a sus orígenes.


sábado, 6 de enero de 2018

Es a ti a quien canto (por Marina Tsvietáieva)


¡Hágase la luz! – y un día nebuloso
cayó como un manto sobre el agua yerma.
Con una medio sonrisa miró la Tierra:
¡Hágase la noche! – dijo entonces el otro.

Y volviendo el rostro ensimismado,
siguió su camino más allá de las nubes.
Padre de la noche, es a ti a quien canto,
por sacarnos a ella y a mí de la nada.


viernes, 5 de enero de 2018

En el vergel viscoso de un instante (por César Simón)


Avena diste, nubes.
Diste el silencio de la tierra,
la densa pulsación de un vino
que lamía la carne. Diste el ocre
ribazo que alimenta
esas brozas.

Sabíamos de las piedras
-de noche allí se posan los mochuelos-,
las diferentes copas y los modos
de estar, de ser ásperos, duros,
el olivo, el almendro, el algarrobo.

Para nosotros era el tiempo raudo,
más difícil la llama de la sangre;
pues yo creía ver
en el tostado rosa de la piel
los puntos
de arena aún,
la sal ya seca en finos
encajes, en el pelo aún mojado
de aquella agua del mar que en él olía;
yo allí creía ver algo más hondo
que un fácil cuerno de abundancia.

Oh ribazo clemente, entonces vino
tu cuerpo, vino tu sustancia,
tu hondura, tu volteo
en la luz, en las nubes y la broza.
Vino entonces el acto de las ropas,
tosco, el tanteo de los frutos
que a las manos prendían en sus cepos.
Y nosotros sabíamos, no obstante.
que estábamos perdidos,
hundidos en la tibia madriguera,
en el vergel viscoso de un instante.

Allí, prietos, como un canto rodado
en el lecho del río; allí, entregados,
mas sin perder la aguja que te punza
la frente. Y, por eso mismo,
serios, humanos, con la vida cierta,
verdadera, en sus límites tenaces.
Aquí había de ser la salvación
o no sería nunca.

No, no lo sería.
Así había que ser, amargos
como el baladre en medio de la rambla;
ásperos, duros, como la carrasca;
simples, intensos, sin quererlo ser ,
como el tomillo; sabedores mudos,
como la roca, como el cielo raso,
que allí están y allí insisten y allí esperan.


jueves, 4 de enero de 2018

Y pienso que quizá nunca (por John Keats)


Cuando tengo miedo de dejar de existir
antes de que mi pluma haya vaciado del todo mi cerebro,
antes de que libros apilados, en orden perfecto,
preserven como cosechas el grano ya maduro;
cuando contemplo, en el rostro estrellado de la noche,
enormes símbolos nublados de un romance más alto,
y pienso que quizá nunca viva para rastrear
sus sombras con la mágica mano del azar;
y cuando siento, bella criatura de una hora,
que nunca más volveré a mirarte,
que nunca disfrutaré el poder etéreo del amor irreflexivo,
entonces, a orillas del extenso mundo me quedo solo,
y pienso que hasta la fama y el amor se hunden en la nada.



miércoles, 3 de enero de 2018

Qué dirá mi vecino (por Federico Díaz-Granados)


Oigo el sollozo del vecino
sus canciones delatan
su tristeza o su rencor.
Escucho su tos y el agua hirviendo
y sus diarias costumbres de sintonizar las noticias a la misma hora.
Qué dirá mi vecino del rock desafinado que sale de mi
dulzaina
de mis malos modales en la mesa
de mis brindis solitarios y del romper tantos papeles en la noche.
Él sabe qué palpita a este lado de la pared
mientras yo intuyo que nos parecemos mucho
porque canta destemplado y también llora
y sus ventanas se empañan en las noches.



martes, 2 de enero de 2018

Las lentes son siempre inadecuadas (por Ana Blandiana)


Un mundo del que entiendo tan poco:
las palabras me envuelven
de niebla y nubes-
en contadas ocasiones algún lucero
con los bordes deshechos
intenta introducir un rayo de sentido.
Todo se encuentra
demasiado lejos,
cuando no demasiado cerca,
las lentes son siempre inadecuadas,
las formas no figurativas,
sin sabor, ni olor,
sólo los dedos perdidos
sobre la áspera superficie
del universo.



lunes, 1 de enero de 2018

No sabría decir nada (por Adam Zagajewski)


Acerca de mi madre no sabría decir nada,
cómo repetía vas a lamentarlo
cuando ya no esté, y yo no creía
ni en ya ni en no esté,
cómo me gustaba mirarla leyendo una novela de moda,
yendo directamente al último capítulo,
cómo en la cocina, donde pensaba que no era un lugar
adecuado para mí, preparaba el café del domingo,
o, lo que era aún peor, un filete de bacalao,
cómo esperaba a que llegaran los invitados y se miraba
al espejo, haciendo aquella cara que la protegía tan bien
de mirarse cómo era realmente (por lo que parece, eso
lo cogí de ella, igual que otras debilidades),
cómo hablaba con soltura de las cosas
que no eran su fuerte, y cómo tontamente
la hacía rabiar, como aquel día que se comparó
con Beethoven, al perder el oído,
y yo le dije, cruel, pero sabes, él
tenía talento, y cómo me lo perdonaba todo
y cómo lo recuerdo todo, y cómo volé de Houston
a su entierro y no supe decir nada.
Y sigo sin saberlo.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Lento cuerpo sin nombre y sin edades (por Fernando del Paso)


Cuerpo de lento, tardo entendimiento:
tarde te has descubierto, cuerpo amado;
largo tu sueño ha sido desdichado,
breve tu amor, tu aprendizaje lento.

Solo en tu desolado pensamiento
y al rencor de ti mismo abandonado
tarde aprendiste a amarte, tarde has dado
muerte a tu olvido y a tu vida aliento.

Lento cuerpo sin nombre y sin edades,
cuerpo de lentitud impronunciable:
deja que larga, dulce, lentamente,

y cuerpo a cuerpo, acariciadamente,
en una soledad inacabable
se junten nuestras lentas soledades.


sábado, 30 de diciembre de 2017

Ambos centros se buscan (por Roberto Juarroz)


El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.
Ambos centros se buscan entonces
como dos animales atribulados.
Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es otra:
nacer juntos.
Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes.



viernes, 29 de diciembre de 2017

Y ya (por Miron Białoszewski)


Miro a Janek con el tubo de oxígeno
dormita
¿que pasará?
todavía todavía
pienso
cuándo será
llego
le miro con el tubo de oxígeno
dormita
cuándo será
todavía todavía
me voy para un momento
volveré todavía
pregunto por teléfono
—¿qué pasa con Janek?
y ya.


jueves, 28 de diciembre de 2017

Pérdidas (por Kay Ryan)


La mayoría de las pérdidas agregan algo-
un nuevo hueco o un silencio,
un espacio en un personal
archipiélago de islas.

Tenemos esa diferencia
a donde ir – en sí misma
una sucesión de posibilidades.

Pero hay otras pérdidas
tanto más allá de nuestro conocimiento
que dejan sólo agujeros
en los agujeros

como el fin de las
largas y solitarias vidas
de los náufragos
creídos muertos por error.


miércoles, 27 de diciembre de 2017

Se necesitaba una catedral (por Julian Przyboś)


Para recuperar la inspiración
capaz de confesar el oculto
amor, remoto, a punto de desaparecer,
se necesitaba una catedral. La estoy mirando:
tus ojos la habían llenado de luz,
detenida en sus arcos.
Así se creó el espacio. Lo ha bordeado la piedra
inmovilizándolo.

El tiempo pesaba como una roca.
Lo levanté en vilo, estoy de nuevo aquí,
resucité por un instante y otra vez estoy
como había estado, ocurro en lo antes ocurrido.
Veo: el espacio luminoso
se vino abajo, quebrándose;
con mis pasos resuenan las piedras,
otras y otras más,
la nave regresa a la roca.
La misma y no la idéntica catedral,
la de cuya luz se apoderó el muro
está aquí
y ya no es más que real.

Aplastado por las piedras contemplo la nada.

Es tan palpablemente inconcebible
la catedral
como el peso de la montaña sobre el pecho,
como la derrota.
La contemplo hasta que el arco más alto
se arrodille ante mi tristeza.

El corazón de una campana tembló,
empezando a latir, rítmicamente.


martes, 26 de diciembre de 2017

Sé la hierba (por Cristina Rossetti)


Cuando esté muerta, mi amor,
no cantes tristes canciones para mí,
no plantes rosas en mi cabeza
ni sombríos cipreses:
Sé la hierba verde sobre mí,
con rocíos y gotas mójame;
y si te marchitas, recuerda;
y si te marchitas, olvida.

Ya no veré las sombras,
no sentiré la lluvia,
no escucharé al ruiseñor
cantando su dolor:
Y soñando a través del crepúsculo
que no crece ni desciende,
felizmente podría recordar,
y felizmente podría olvidar.


lunes, 25 de diciembre de 2017

Amor dormido (por Jorge Guillén)


Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa
rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así
la noche desvelada, bajo la luna presa?
Tu soñar me envolvía, soñado me sentí.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Una balada de entierro (por Rudyard Kipling)


Si justo aquí he de morir,
solemnemente debo pedirte
que tomes lo que resta de mí
hacia las colinas por el bien del viejo bien.
Amortájame en el mismo fondo,
en el mismo hielo usado para apagar,
aquel mismo que bebí cuando estaba seco.
—Observa esto para el bien del viejo bien—

Corre hacia la estación de trenes,
hacia Umballa pide sólo un billete de ida,
no me preocupa el retraso o las sacudidas.
Descansaré alegremente del rencor
de los coolies y su clamor;
así envuelto de mi dignidad
envíame lejos para el bien del viejo bien.

Luego de la soñolienta Babu despierta,
reserva para cuatro un camión.
Pocos, creo, desearán viajar
en mi lóbrega compañía,
como antiguamente hacían.
Necesitaré un descanso especial,
algo que nunca antes tomé,
consíguemelo para el bien del viejo bien.

Después de eso, debes disponerlo todo,
no seré huésped de ningún hotel,
ni la espina del buey me soportaría,
dura es la espalda y áspera la soga,
las cuerdas de Toga son frágiles y delicadas.
Haz un asiento y ponme allí,
en una cómoda cuerda flexible,
haz lo posible para el bien del viejo bien.

Después de esto, tu trabajo está hecho.
Recuérdale al sacerdote un lamento
por la partida del querido muerto,
sacude el polvo y las cenizas al viento.
No me bajes de inmediato, confío
en una excusa que me brinde tres días.
Luego embriágate por el bien del viejo bien.

No podría soportar los llanos,
¡piensa en el ardor de junio y mayo!,
¡piensa en las lluvias de septiembre!
¡Todo sobre mí hasta el día del juicio!
Nunca debería descansar en paz,
debería yacer despierto y sudar.
Bájame, entonces, hacia mi lecho,
a las colinas por el bien del viejo bien.



sábado, 23 de diciembre de 2017

Violeta de los Andes (por Nicanor Parra)


Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterna del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra

Jardinera
locera
costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino
de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo
Viola admirable

Cuando se trata de bailar la cueca
De tu guitarra no se libra nadie
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada

Cueca de la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos
Cueca del Terremoto de Chillán
Todas las cosas

Ni bandurria
ni tenca
ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva

solamente tú
tres veces tú
Ave del paraíso terrenal

Charagüilla gaviota de agua dulce
Todos los adjetivos se hacen pocos
Todos los sustantivos se hacen pocos
Para nombrarte

Poesía
pintura
agricultura
Todo lo haces a las mil maravillas
Sin el menor esfuerzo
Como quien se bebe una copa de vino

Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis

¡Porque tú los aclaras en el acto!

Cómo van a quererte
me pregunto
Cuando son unos tristes funcionarios
Grises como las piedras del desierto
¿No te parece?

En cambio tú
Violeta de los Andes
Flor de la cordillera de la costa
Eres un manantial inagotable
De vida humana

Tu corazón se abre cuando quiere
Tu voluntad se cierra cuando quiere
Y tu salud navega cuando quiere
Aguas arriba!

Basta que tú los llames por sus nombres
Para que los colores y las formas
Se levanten y anden como Lázaro
En cuerpo y alma

¡Nadie puede quejarse cuando tú
Cantas a media voz o cuando gritas
Como si te estuvieran degollando
Viola volcánica!

Lo que tiene que hacer el auditor
Es guardar un silencio religioso
Porque tu canto sabe adónde va
Perfectamente

Rayos son los que salen de tu voz
Hacia los cuatro puntos cardinales
Vendimiadora ardiente de ojos negros
Violeta Parra

Se te acusa de esto y de lo otro
Yo te conozco y digo quién eres
¡Oh corderillo disfrazado de lobo!
Violeta Parra

Yo te conozco bien
hermana vieja
Norte y sur del país atormentado
Valparaíso hundido para arriba
¡Isla de Pascua!

Sacristana cuyaca de Andacollo
Tejedora a palillo y a bolillo
Arregladora vieja de angelitos
Violeta Parra

Los veteranos del setenta y nueve
Lloran cuando te oyen sollozar
En el abismo de la noche oscura
¡Lámpara a sangre!

Cocinera
niñera
lavandera
Niña de mano
todos los oficios
Todos los arreboles del crepúsculo
Viola funebris

Yo no sé qué decir en esta hora
La cabeza me da vueltas y vueltas
Como si hubiera bebido cicuta
Hermana mía

Dónde voy a encontrar otra Violeta
Aunque recorra campos y ciudades
O me quede sentado en el jardín
Como un inválido

Tu delantal estampado de maqui
¡Río Cautín!
¡Lautaro!
¡Villa Alegre!
¡Año mil novecientos veintisiete
Violeta Parra!

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido

Qué te cuesta mujer árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra

Esto es lo que quería decirte
Continúa tejiendo tus alambres
Tus ponchos araucanos
Tus cantaritos de Quinchamalí
Continúa puliendo noche y día
Tus toromiros de madera sagrada
Sin aflicción
sin lágrimas inútiles
O si quieres con lágrimas ardientes
Y recuerda que eres
Un corderillo disfrazado de lobo


viernes, 22 de diciembre de 2017

Y fue por eso que volví (por Matilde Campilho)



Él dijo que yo necesitaba volver
porque yo era su familia
dijo que los pajaritos
estaban comenzando otra vez
con aquella entonación extraña
que podría ser vista como triste
o como bastante maravillosa
tú necesitas volver él dijo
algunas acacias se están entregando
al abandono o a la desesperación
y la pescadería fue atacada
por una enorme inundación
por favor vuelve ve si vuelves
esta mañana el taxista estuvo
recorriendo todas las estaciones
de radio hasta encontrar una noticia
no hay noticias de ti en la ciudad
hazme un favor y vuelve
está ocurriendo una revolución
quieren retirar al primer ministro
de su silla empedernida
quieren incendiar las calles
quieren mejorar la estructura
de la campana que marca el mediodía
en la garganta de Antoñito
anda ve si vuelves fue lo que él dijo
tú eres mi familia es imposible
presenciar la transición del invierno
a la primavera sin familia cerca
y cómo hago para comprar lollypops
si tú no me estás esperando
allá afuera del lado de afuera en tu coche
jugando con las vibraciones del motor
mientras yo estoy tamborileando mis
dedos sobre el mostrador de madera
de la abacería donde siempre compro
lollypops de naranja o de fresa
tú y yo siempre encontramos un modo
de sincronizar nuestros compases
yo toco cuatro veces en el mostrador
tú aceleras cuatro veces el motor
la familia es eso mismo: dos vaqueros
fintando la gravedad y la monotonía
venga dime si vuelves o si no vuelves
la semana pasada noté
que las plantaciones de maíz
están comenzando a expandirse
no me digas que eso no te seduce
fue lo que él dijo eso mismo
la plantación que se expande te seduce
él dijo que yo necesitaba volver
que tal vez yo debiese ordenar
mi maleta dejar mi empleo
mete todo en tu maleta
no olvides tu camisa blanca
no olvides tu flauta de hueso
no olvides no te cortes el pelo
coloca todo en esa maleta
y si tienes tiempo tráeme siete buzios
vuelve dime que vuelves
fíjate que es la época de las migraciones
y que tú siempre acompañaste
a los colibrís y los pingüinos
ya basta de inscribirse
en ese campeonato del desapego
tú siempre pierdes ya deberías saberlo
él dijo que yo debería volver
que en el restaurante de doña Celia
estaban sirviendo un tipo de pan
diferente del habitual
que en el parque de diversiones
estaban montando un rollo nuevo
que en la cueva de los leones ya no vive
nadie absolutamente nadie
que están comenzando una revolución
tú necesitas volver fue lo que él dijo
vuelve por favor mi amor vuelve para casa
entonces yo hice la maleta y fue por eso que
volví — yo volví porque me llamaron.



jueves, 21 de diciembre de 2017

Ámsterdams (por Saiz de Marco)



Tuve que cambiar de avión en Ámsterdam

Durante una hora recorrí pasillos
siempre a paso ligero subí y bajé escaleras
compré algo de beber
leí indicaciones
puede que algún anuncio
pasé el control de nuevo en aquel aeropuerto
y monté en el avión

Así que formalmente he estado en Ámsterdam

Pero nada conozco de puentes sobre el Ámstel
de canales con barcos
de campos de colores
llenos de tulipanes y molinos de viento

Tras despegar
mientras iba el avión tomando altura
pensé en mis Ámsterdams de tránsito y trasbordo
en todos esos Ámsterdams donde estuve y no estuve
donde no llegué a entrar
que apenas si rocé
que no hice míos

los invividos Ámsterdams en medio de la ruta
que crucé sin cruzarlos

Mientras iba alejándome
sentado en el avión (y ahora mismo también)
me acordé de mis muchos
mis demasiados Ámsterdams


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ya es invierno (por José Lupiáñez)


Sobre las tejas el verdín progresa.
El cielo está muy gris, pero la lluvia
ha cesado un instante. Hace frío
y los pájaros todos tiritan escondidos
entre las frondas...
En las ramas heladas de los árboles
las gotas milagrosas se transforman en perlas.
Un vaho azul escapa de la tierra.
Al fondo, las montañas se ocultan recelosas
en las nubes más bajas.
El alma reconoce estos paisajes,
a los que fue marcando, a través de los siglos,
la vida con su drama; estos valles que guardan
en su entraña, con celo, rescoldos de la historia.
Ya es invierno y desde las techumbres
de las casas de piedra
asciende el humo denso de los viejos hogares.
Yo arrimo el leño al fuego que caldea mi rostro
y siento que las llamas, crepitando, me avisan
de que la vida es breve.


martes, 19 de diciembre de 2017

¿Europicidio? No, gracias


zUmO dE pOeSíA no es un blog político. Sin embargo, ante el embate nacionalista ZdeP no puede callar.

El nacionalismo es históricamente la principal lacra destructiva y generadora de sufrimiento.

La disgregación territorial que comporta (pequeños grupos separados pugnando, cada uno, por su interés) amenaza a todos los seres humanos, como espeluznantemente se vio en Europa en 1914 y 1939.

La progresiva unidad común pretendida después de 1945 por la CEE, ahora UE, está amenazada actualmente por nacionalismos que harían del continente un mosaico ingobernable de miniestados.

Ello comportaría un grave retroceso para este espacio de libertades frente a potencias no democráticas (pero amplias y compactas) que buscan someter a Europa.

Los nacionalismos son, por tanto, el talón de aquiles de Occidente.

En Cataluña hay completa paridad de derechos sociales, civiles y políticos con los demás ciudadanos y territorios de España, y pleno respeto a su lengua, su cultura y su creatividad. No existe discriminación alguna, ni individual ni colectiva.

Así pues, el ideario independentista carece de justificación y constituye un irresponsable cóctel de mezquindad, egoísmo y regresión.

Sorprende más, si cabe, que gentes que se dicen de izquierdas (pero que obviamente no lo son) defiendan tan indigno despropósito.

zUmO dE pOeSíA anima por ello a no apoyar electoralmente el próximo día 21, en Cataluña, a las opciones que propugnan la segregación y fronterización.



Lo que todo amante aprende (por Archibald MacLeish)


El agua es plateada sobre la piedra.
El agua es plateada sobre el rechazo de la piedra.
No cae. Llena.
Fluye en cada grieta,
en cada falla de la piedra,
en cada hueco.
El río no corre.
El río presiona su pesado yo plateado
hacia la piedra, y la piedra lo rehúsa.

Lo que corre,
lo que se arremolina y salta hacia el sol,
es el rechazo de la piedra por el río, no el río.



lunes, 18 de diciembre de 2017

De echar la Historia para atrás


zUmO dE pOeSíA no es un blog político. Sin embargo, ante el embate nacionalista ZdeP no puede callar.

El nacionalismo es históricamente la principal lacra destructiva y generadora de sufrimiento.

La disgregación territorial que comporta (pequeños grupos separados pugnando, cada uno, por su interés) amenaza a todos los seres humanos, como espeluznantemente se vio en Europa en 1914 y 1939.

La progresiva unidad común pretendida después de 1945 por la CEE, ahora UE, está amenazada actualmente por nacionalismos que harían del continente un mosaico ingobernable de miniestados.

Ello comportaría un grave retroceso para este espacio de libertades frente a potencias no democráticas (pero amplias y compactas) que buscan someter a Europa.

Los nacionalismos son, por tanto, el talón de aquiles de Occidente.

En Cataluña hay completa paridad de derechos sociales, civiles y políticos con los demás ciudadanos y territorios de España, y pleno respeto a su lengua, su cultura y su creatividad. No existe discriminación alguna, ni individual ni colectiva.

Así pues, el ideario independentista carece de justificación y constituye un irresponsable cóctel de mezquindad, egoísmo y regresión.

Sorprende más, si cabe, que gentes que se dicen de izquierdas (pero que obviamente no lo son) defiendan tan indigno despropósito.

zUmO dE pOeSíA anima por ello a no apoyar electoralmente el próximo día 21, en Cataluña, a las opciones que propugnan la segregación y fronterización.



El instinto de la esperanza (por John Clare)


¿Hay otro mundo para que este frágil polvo
se entibie con vida y vuelva a ser él mismo?
Algo en mí responde a diario que sí,
¿y por qué el instinto habría de alimentar las esperanzas en vano?
Esta es la profecía de la naturaleza: así será,
y todo parece esforzarse por explicar
el sellado volumen de su misterio.
El tiempo que marcha hacia delante mantiene su paso
como aparentemente ansioso de eternidad,
deseoso de encontrar esa calma, ese lugar de descanso.
Incluso la pequeña violeta percibe un poder futuro
y espera renovar cada año sus pétalos.
¿Y sin duda el hombre no es inferior a la flor
como para morir indigno de una segunda primavera?